Control del INE: ¿fin de su autonomía?

Era muy probable que las tres vacantes que surgieron para el Consejo Electoral del INE – en que los consejeros salientes se distinguieron por su autonomía e imparcialidad- fueran ocupados por personajes cercanos a Morena, al margen de la experiencia y conocimientos que sobre el tema tuvieran.

En estos cargos, no basta que lleguen personas con una amplia experiencia electoral – como es el caso en dos de los sseleccionados -, sino que no estén comprometidos con ningún partido – y menos aún con el gobierno -, pues esos conocimientos los pondrán al servicio de su promotor político.

Un nuevo retroceso de un largo proceso inacabado, pero suficiente para dar credibilidad a las elecciones a base de limpieza, equidad, vigilancia y transparencia, en grado aceptable.
Eso no se dio de la noche a la mañana; hubo un proceso largo, jaloneado y con tropiezos, pese a lo cual se logró lo que nunca antes habíamos tenido en nuestra historia: suficiente autonomía en el IFE-INE como para hacer creíbles los resultados como reflejo de la voluntad ciudadana, en condiciones esenciamente (aunque no completamente) equitativas.

Revisemos su evolución.
Tras el burdo magnofraude de 1988 (ejecutado por el hoy prócer de Morena, Manuel Bartlett, y del cual nada dijo el entonces priísta neoliberal López Obrador), Carlos Salinas se vio obligado a dar un paso a la autonomía electoral, en 1990.

Pero fue más simbólico que real, pues por un lado el IFE seguía teniendo como cabeza al Secretario de Gobernación, y la mayoría del personal provenía de la Comisión Federal Electoral, de esa Secretaría.

También se mantuvo la fórmula de que el número de los representantes de cada partido -con voz y voto- dependía de la votación de cada uno en la última elección.

Con lo cual se rompía una regla esencial de la democracia electoral; el resultado en una elección no debe traducirse en ventajas deyerminantes para el ganador en la siguiente elección.

También se inauguró la figura de ocho consejeros jurídicos, presuntamente independientes pero propuestos por …. el presidente de la república. De 15 propuestas presidenciales, el Congreso elegía a 8.

Evidentemente se trataba de una farsa, pero fue el cimiento que permitió ir avanzando a una suficiente autonomía del IFE.

La revuelta de 1994 por parte del EZLN puso en riesgo la elección federal de ese año, por lo que se aceptó una reforma relámpago con algunos avances; observadores internacionales, tinta indeleble, mamparas secretas, credencial con fotografía, pero sobre todo, consejeros ciudadanos que serían los únicos con voz y voto.

Los representante de partido sólo tendrían voz, pero no voto, por lo que se determinó que sólo hubiera uno por partido. Un gran avance.

Los seis consejeros serían propuestos y negociados por los principales partidos, mismos que propusieron a dos candiatos cadqa uno. Consejeros todavía vinculados y comprometidos con los partidos proponentes (en buena medida), pero al menos con un sano equilibrio.

En 1996 se dio otro paso importante: el secretario de Gobernación dejó de ser su cabeza, y en su lugar se nombró a un ciudadano como presidente del Consejo, consensuado por todos los partidos. Pero prevaleció la fórmula de “cuates y cuotas”, si bien manteniendo un cierto equilibrio entre los partidos que eran opción de gobierno.

De ahí que aunque se empezó a hablar de la “ciudadanización del IFE”, yo le llamaba la “partidización del IFE”, pues los consejeros no eran todos imparciales (aunque sí los hubo) sino partidizados.

No era suficiente la nueva autonomía del IFE, pero era mejor que estar subordinado al gobierno en turno (el PRI, desde luego).

Al cambiar el Consejo en 2003, hubo un tropiezo grave; PRI y PAN acordaron dejar fuera al PRD en sus propuestas de consejeros, lo cual sería inadecuado pues se perdía el consenso logrado en 1994 y 1996, y además era claro que en 2006 el candidato del marginado PRD sería un puntero con grandes probabilidades de triunfo.

En caso de un resultado cerrado (que fue vislumbrado desde 2003), se pondría en entredicho la autonomía de un IFE donce uno de los punteros no tendría ningun consejero propuesto por su partido.

Y así ocurrió; la de por sí cerrada elección se puso en duda pues el ganador contó con todos los consejeros, emergidos del PRI y el PAN (por la alianza con Elba Esther Gordillo, que fue clave en las propuestas del PRI), en tanto que Amlo no contó ahí con nadie.

Y eso fue también un duro golpe a la credibilidad del INE (que además abrió sólo el 3 % de los paquetes, cuando las circunstancias obligaban a abrir todos los que la ley permitía (64 %), como lo señaló el TEPJF en su primer dictamen, en Agosto de ese año.

Tan grave fue el asunto, que el entonces presidente del IFE fue removido anticipadamente, así como varios consejeros.

Entonces se volvió al esquema de buscar un consenso en el que se formara un Consejo General con propuestas de todos los partidos importantes.

A raíz de lo ocurrido en 2003, algunos académicos propusimos que la selección de consejeros se le quitara a los partidos y quedara en manos de una comisión de expertos en el tema, nombrados a su vez por distintas universidades, públicas y privadas.

Así se reduciría significativamente la orientación partidista como variable de selección de los consejeros, y se tomaría en cuenta la idoneidad de los prospectos a partir de sus conocimientos y experiencia, no de sus simpatías e influencias políticas.

Más adelante se aplicó dicha propuesta, pero sólo parcialmente; los exámenes primarios y un primer filtro lo haría un Comité Tëcnico formado por siete expertos; tres de ellos nombrados por la JUCOPO, dos por la CNDH y dos más por el INAI.

Funcionó suficientemente bien al principio, pero cuando al llegar Morena al poder cooptó a la CNDH, las propuestaa para ser comisionados de esa institución fueron morenistas, y las del Congreso también, dada la mayoría que ya entonces obtuvo Morena y sus aliados.

De un proceso asi viciado, surgió Guadalupe Taddei y otros consejeros, claramente comprometidos con Morena.

En el actual proceso para nombrar a tres consejeros, la cosa estuvo peor, pues el Comité de especialistas ya sólo fue formado con propuestas del Congreso (o sea de Morena y aliados) y de la CNDH (aún cooptado por Morena) pues el INAI ya había desaparecido (la transparencia siempre le ha estorbado al obradorismo).

Además, hubo acusaciones e indicios de filtración de los examenes por parte de algunos comisionados a favoritos de Morena, y falta de información de los criterios con los que se decidió la ‘idoneidad’ de los finalistas.

Resultado: tres nuevos consejeros más bien afines a Morena, e incluso uno de ellos íntimamente vinculados a la presidenta.

Ahora que Morena tendrá control casi absoluto de esa Institución, y con un Consejo General subordinado, sin consenso y con menos facultades qe antes, podemos decir que, bajo una fórmula distinta, hemos regresado a los tiempos del IFE no autónomo de Salinas de Gortari, de 1990- 1994. No en los detalles, pero sí en esencia.

De nuevo, todo lo que criticó Morena desde la oposición, lo reproduce ahora, pero multiplicado.

México será el año que viene sede de la “Cumbre en Defensa por la Democracia”, pero de la Democracia-autoritaria (como le llamó Lorenzo Meyer al régimen hegemónico del viejo PRI).

Como algún colega ha sugerido, ya podemos llamar al instituto electoral ya no como INE, sino como MorINE.

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