No es la insensatez que parece, que el PRI y Ricardo Anaya se traten de hacer polvo desde ahora, sin importarles que AMLO los observe comiendo palomitas. Aún siendo una insensatez, responde a una estrategia. Saben que AMLO sólo es vencible en campaña: antes tiene teflón.
El PRI cree que le ganará a AMLO con una campaña a dos carriles:
—Con un candidato que esté en las antípodas de AMLO: sin sombra de corrupción, visto por la clase media y los jóvenes como un funcionario sereno, que dé seguridad en los mercados, que sea lejano a estridencias y a arrebatos mercuriales.
—Con un candidato que desarrolle una campaña de políticas y de programas muy bien pensados, que convenza a los electores de que lo menos que necesita el México posterremotos de 2017 es un presidente que encienda el resentimiento social.
Ricardo Anaya está convencido de que le ganará a AMLO con una campaña a dos carriles:
—Él mismo compitiéndole para ver quién grita más alto que el PRI es corrupto y que hace falta un cambio; y tratando de demostrar cuál de ellos dos está más limpio de casos de corrupción en su vida privada.
—Él mismo garantizando el voto de la derecha en el norte y en los 12 estados donde gobierna el PAN; y sus aliados del Frente pepenando votos en la izquierda… para la derecha: Barrales en la CDMX, Oaxaca, Guerrero, y Dante garantizando carro completo en Jalisco (cinco millones de registrados en el padrón electoral).
Además, el PRI y Ricardo Anaya esperan que durante la campaña AMLO registre sus proverbiales errores de táctica y estrategia (ausencia a un debate y “cállate, chachalaca”…, en 2006; negarse a aceptar corrupción de colaboradores, en 2012) y que asuste a la clase media con sus extremismos.
Y que aparezcan (como van a aparecer a puños) episodios de corrupción de candidatos y colaboradores de AMLO: por ejemplo, Claudia Sheinbaum y los permisos de la delegación Tlalpan al colegio Rébsamen y su beca con la ExxonMobil, mientras aquí repudia la reforma energética…
De ahí que el PRI y Ricardo Anaya busquen anularse ya, en una guerra cuyo capítulo más actual es la acusación de Anaya de que el PRI le quitó a Zavala y le mantiene una quinta columna con los “senadores rebeldes”; y el registro diario de denuncias en todas partes por enriquecimiento de Anaya.
Aunque faltan muchas batallas en esa guerra supongamos que la gana Ricardo Anaya y para 2018 se queda con su discurso antisistema, en un tú a tú contra AMLO.
¿A quién cree Anaya que le van a comprar más el discurso antisistema? ¿A él? Bueno, Anaya es capaz de pensar eso.
¡Tan obnubilado está!
Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de octubre de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

