Andrés Manuel López Obrador se empecinó en una consulta para la revocación de mandato y ésta se llevará a cabo el domingo 10 de abril; es decir, dentro de 16 días. Se trata de un ejercicio que le costará al país más de 4 mil millones de pesos, pese a haber tantas necesidades en diferentes órdenes como la salud y la educación. Es mucho dinero tirado a la basura, en primer lugar porque es el propio gobierno el que lo impulsa y no la ciudadanía.
El presidente dice que la consulta de revocación es un proceso inédito porque los mexicanos tenemos oportunidad de interrumpir su desempeño en el más alto cargo del país; destituirlo, vamos. Esto es una farsa, como lo fueron las consultas para enjuiciar a los expresidentes o para cancelar el nuevo aeropuerto en Texcoco, ¿recuerdan? Un instrumento de propaganda para respaldar decisiones ya tomadas o enmascarar la ineficacia. Algo similar a cuando el gobierno rifó un avión que en realidad no rifó, y lo tiene ahí detenido, sin usar, y con un costo millonario hasta la fecha. Tampoco lo ha podido vender aunque dijo que lo haría; todos tenemos presente a López Obrador ofreciéndole el avión a Donald Trump -o “Donal Trun”, como él le dice. La revocación es un acto también parecido a los recursos que surgieron de aquella rifa no rifa, y que hasta ahora no sabemos hacia donde fueron canalizados. Lo que hasta ahora sí sabemos es que el fiscal Alejandro Gertz Manero entregó un cheque de hule, literalmente, sin fondos.
Más de 4 mil millones de pesos, insisto, para ponerle una celada a los ciudadanos de buena fe que vieron la posibilidad de emprender una ruta corta para que la pesadilla termine antes del sexenio. Los está engañando, aunque cada vez más se percatan de la trampa; me refiero, claro, a las personas de buena fe, no a los truhanes, que de ingenuos no tienen nada, que buscan volverse gueto o un pedazo de poder al aparentar ser opositores cuando, en realidad, le hacen el caldo gordo al presidente, por lo que son sus aliados. Cada voto apoya esta farsa o, como dicen Brozo y Carlos Loret de Mola, esta consulta chafa.

El presidente, lo hemos dicho reiteradamente -tanto como él aparece a diario en las mañanas-, vive de la propaganda. Es un buen propagandista, aunque sus frases hechas y sus desplantes ya los sabemos de memoria. Conservadores o fifís, seudointelectuales, seudoambientalistas o seudoperiodistas: todos son seudos mientras no le aplaudan. También están elementos como su pañuelo al aire, su sonrisa burlona junto con su pésima dicción, que lo revela como un hombre que no lee ni en defensa propia para proclamar sus frases del tipo “y dónde estaban para defender el medio ambiente cuando cayó el meteorito en la Rivera Maya”. Son frases del redentor que sus fieles replican por todos lados, desde las redes sociales hasta la cuadrilla de aduladores que repite la fórmula del presidente para convencerlos de votar el próximo Domingo de Ramos.
Esta consulta pirata es la lucha del gobierno y su ejército de aduladores contra un enemigo imaginario. Nadie quiere revocarlo: nadie. Repetimos, nadie. Porque desde los que sabemos que esto es una farsa, pasando por los ingenuos que quieren votar para expresar su repudio al político tabasqueño y hasta llegar a los astutos que se disfrazan de opositores pero le ayudan al presidente, tenemos presente dos asuntos:
- Primero, nunca en toda su historia política López Obrador ha reconocido una derrota electoral. En todas le robaron, según él, desde su disputa por el gobierno de Tabasco hasta las elecciones que perdió con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, en 2006 y 2012, respectivamente. ¿Por qué habría de reconocer una derrota ahora?
- Segundo, la revocación de mandato es una ley aprobada en el actual periodo presidencial y la ley, según mandata la Constitución, no es retroactiva. ¿Me copian? No es retroactiva. No saldría el presidente ni aunque votaran 40 millones de personas -que no lo harán- ni aunque votaran en su contra. Pero, sobre todo, no saldría el presidente porque esa ley no lo abarca a él. Por eso se trata de un acto de propaganda. Por eso el gobierno está desesperado, porque no prendió su iniciativa entre la sociedad. López Obrador está desgastado y se está jugando una de sus últimas cartas antes de que el destino le alcance. El destino de la realidad que no le permite seguir prometiendo sino que lo está develando día con día en toda su ignorancia e ineficacia, en toda su ansia de poder y en sus maromas, cada vez más notorias, para defender lo indefendible; por ejemplo, para mantener a Alejandro Gertz Manero como titular de la Fiscalía General de la República, para defender su sistema de salud -que, más bien, ha colapsado, igual que el sistema educativo de México, que encabeza una persona tan ignorante como él y que la señora Tatiana Clouthier, que está al frente de la Secretaría de Economía. Así ocurre con prácticamente todos los integrantes de su gabinete.
López Obrador está echando todo su resto. Primero violó la ley e hizo campaña a favor de la revocación de mandato. Luego, como hacen los personajes autoritarios, ordenó a los legisladores de Morena elaborar un decretazo para cambiar la ley que no era de su gusto; lo hizo mediante la aplanadora que no respeta a las minorías, igual que el PRI de los años 60 y 70 y 80 y 90. Es un priista irredento, de viejo cuño. Pero no sirvió el decretazo porque la ley no puede estar por encima de la Constitución. Le vale de todos modos: opta por lo que es justo, según él, por encima de la ley, y lo justo es lucirse frente al respetable como lo hizo el lunes con una obra que no es obra, un esfuerzo sin terminar que hoy luce desolado, tanto que el humor mexicano podría decir que lo que en verdad se extraña es a la señora de las tlayudas.
Y qué decir del gasto no oficial, del dinero que no sabemos de dónde viene y cómo se gasta. Nada más vemos panorámicos, carteles y a jovencitos que, a nombre del presidente, invitan a votar. Eso vemos, pero el dinero no. ¿Cuántas bolsas de dinero se han repartido, así como las de Pío López Obrador? ¿Cuánto dinero está gastando el país en un proceso chafa, inútil, frente a las demandas de los mexicanos por mejores condiciones en el sistema de salud, el ISSSTE y el IMSS?
La gran mayoría de los mexicanos no votaremos el 10 de abril porque rechazamos el engaño y la farsa. Porque, con nuestra ausencia, haremos presente nuestro repudio y la exigencia de que una vez cumplidos los seis años, “agarras tus cosas y te vas”, como el triste episodio de una amarga noche que nunca debimos vivir los mexicanos.

