John Lennon forma parte de esos eventos formidables que, para fortuna nuestra, ocurren en el mundo. No exageramos, como solista o integrante de la mejor banda musical de todos los tiempos (The Beatles, por supuesto), está al nivel de los genios Chopin, Mozart o Beethoven, entre los representantes de la música clásica, y sin duda entre los mejores del rock and roll y sus derivaciones contemporáneas.
Lennon fue un hombre de claroscuros, como todos, y así con enormes inconsistencias, como todos, es pese a todo un emblema entre todos nosotros. Lo mismo para burlarse de quienes en las joyas (y el sonido que les encanta) depositan su esencia, que de quienes integran un gallinero ordenado y sometido, igual para exhibirse desnudo para convocar a la paz que para despreciar el reconocimiento adulterado de lisonjas. Creemos que además, John Lennon es un icono sistemático que enfatiza en que no es con las balas, no es eliminando al otro, como hay que transitar en el mundo. Siempre será oportuno tener la doble fantasía de que Lennon está con nosotros y que con él imaginemos un mundo mejor.
