Lo bueno y lo malo de las encuestas de Reforma

Bajo el título “Un vistazo al voto universitario”, el martes 17 de abril, Reforma encendió la discusión pública con un sondeo entre estudiantes universitarios que le da la intención del voto de dicho segmento al candidato presidencial Ricardo Anaya. Este miércoles, el debate está servido cuando publica los resultados de una encuesta a nivel nacional, que le da un 48% de la intención de voto a Andrés Manuel López Obrador.

Mientras que los seguidores de AMLO criticaron fuertemente el primer ejercicio, se mostraron más complacidos con el segundo.

¿Dónde está la verdad? Es posible que en ninguno. Es decir, ninguno de los dos ejercicios puede predecir cuál de los candidatos ganará la presidencia en los comicios del 1 de julio. Tanto el sondeo como la encuesta, tal como fueron hechas son meramente (dicho poéticamente) el retrato de un instante y la visión de una gota de agua en el oceáno.

El motivo se encuentra en la naturaleza de los instrumentos de medición de la opinión que aplicó Reforma, por un lado. Por otro, en la diminuta muestra elegida en ambos casos.

Encuesta y sondeo

Hay distintos pareceres en las definiciones de sondeo y encuesta. Para algunos autores son sinónimos exactos. Para otros, como la académica española María José Navas, el sondeo es una modalidad específica de encuesta, a la que denomina “encuesta muestral”.

Para fines de este artículo y debido a que Reforma distingue entre sondeo y encuesta, nosotros lo haremos también.

Así, después de diversas lecturas hemos concluido que un sondeo es una exploración superficial de la opinión de un grupo poblacional reducido en torno a un tema muy bien delimitado en un momento establecido. La muestra en un sondeo, además, está identificada por un rasgo en común; en este caso, todos eran estudiantes universitarios.

En un sondeo se acostumbra hacer una única pregunta, otorgando al participante un abanico reducido de posibles respuestas, para facilitar el acopio de información. Es lo que conocemos como respuesta de “opción múltiple”.

Así, cuando Reforma informa que se hizo un “sondeo cara a cara” con mil 500 estudiantes universitarios de instituciones públicas y privadas de todo el país usando una boleta electoral simulada, nos deja claro que, al menos desde el punto de vista de la definición académica, tiene razón al llamar “sondeo” a dicho ejercicio.

¿Por qué? Porque su universo muestral, es decir, las personas a quienes se dirigió, estaban claramente acotadas en su calidad de “estudiantes universitarios”, lo cual, de entrada, hace que la muestra esté sesgada, ya que es de una sola categoría, sin importar que a nivel individual existan otras diferencias.

Ahora, en lo relativo a la encuesta que publica hoy miércoles 18, que le da a nivel nacional a López Obrador una intención de voto del 48% para el presente mes, la muestra elegida es más diversa, sin dejar de ser demasiado pequeña.

Una encuesta es un conjunto de preguntas, tanto abiertas como cerradas, que se le hacen a una muestra de inviduos para recopilar información sobre un tema. A diferencia del sondeo, la encuestra profundiza, averigua el contexto del entrevistado, pide opiniones, hace preguntas que permiten matizar lo respondido en otras preguntas, busca causas y explicaciones.

Dicho en breve: una encuesta tiene múltiples preguntas, el sondeo sólo una. La encuesta debe evitar al máximo el sesgo. El sondeo es sesgado por naturaleza. Y ojo, que no siempre el sesgo es algo negativo. Todo depende de los objetivos de la investigación.

Lo bueno y lo malo de los ejercicios de Reforma

Hay una serie de consideraciones para determinar hasta dónde podemos o no confiar en el sondeo y en la encuesta que publica Reforma esta semana. Veamos los dos al mismo tiempo.

Lo bueno:

1.- En ambos casos se hace explícita la metodología empleada. El método de la boleta electoral simulada es bueno, ya que reduce en lo posible la influencia del entrevistador en la respuesta. Además, es un recurso que muestra creatividad.

2.- En el caso del sondeo, la composición de la muestra tuvo equilibrio por institución, al haberse entrevistado 100 alumnos por universidad.

3.- En el caso de la encuesta, el equilibrio entre preguntas abiertas y cerradas es bueno, y el desglose por edad, sexo, circunscripción y otras categorías permiten un cruce de datos que favorecen el conocer con mayor detalle el tipo de votante que se inclina por uno u otro candidato.

4.- La presentación visual de los resultados es clara y comprensible.

Lo malo:

1.- En ambos ejercicios la muestra es diminuta. En el caso del sondeo, entrevistar a mil 500 estudiantes repartidos en 15 universidades es muy poco.

2.- Hay desbalance en la selección entre universidades públicas y privadas. Tampoco sabemos si la selección de la muestra fue realmente aleatoria.

3.- Al entrevistar 100 personas por universidad, sin considerar que hay universidades mucho más densamente pobladas que otras, proporcionalmente la muestra es desigual. E lugar de asignar una cifra, hubiera sido mejor elegir un porcentaje, como por ejemplo, entrevistar el 1% del estudiantado de cada institución elegida.

3.- Hay sesgo en la selección de las ciudades, puesto que se eligieron solamente las tres más importantes del país.

4.- En el caso de la encuesta, proporcionalmente, la muestra resulta aún menor a la del sondeo, ya que se refiere que se visitaron mil 200 viviendas en todo el país, sin indicar cuántas personas por vivienda se entrevistaron. Si hacemos un cálculo de 4 habitantes por vivienda, la muestra no llega, con suerte, a las cinco mil personas en un país de 110 millones de habitantes.

Conclusión

Considero que, desde un punto de vista estricto, ninguno de los dos ejercicios tiene validez metodológica alguna para hacer predicciones. En todo caso, tiene validez únicamente dentro del minúsculo universo muestral que se eligió, pero no se puede extrapolar a nivel nacional. Las variables que condicionan el voto son múltiples.

Opino también que el ejercicio entre universitarios, a nivel proporcional, es más representativo de dicho universo que la encuesta. No es lo mismo entrevistar mil 500 personas en tres ciudades, que cinco mil en todo el país. No es lo mismo tener un segmento poblacional muy delimitado, que entrevistar a personas de todas las edades, grados de escolaridad y ocupaciones.

Finalmente, y desde el punto de vista de análisis de medios de comunicación, considero que Reforma ensalza de forma exagerada tanto su sondeo, como su encuesta. Lo mismo hacen, es verdad, El Universal, SDP Noticias, El Heraldo de México y todos los medios que de un modo u otro, realizan “encuestas” electorales.

Naturalmente, no todas las llamadas encuestas lo son. Ahí está el caso de la que hizo SDP Noticias entre usuarios de Facebook. Por evidentes motivos, ese ejercicio no es válido. Es frecuente que en Facebook las personas posean varios perfiles y es frecuente también que las empresas de marketing hagan múltiples perfiles falsos para diversos fines. No tenemos modo de saber si las personas que dice SDP que respondieron, sean personas reales.

Ahora, también es posible que en los ejercicios de Reforma haya errores y trampas. Nadie nos asegura que, por poner un ejemplo, uno de los encuestadores no haya llenado él solo cien boletas para terminar más pronto su trabajo. Es posible y la corrección de los datos es algo que no tenemos manera de conocer.

Entonces, ¿cuál sería una encuesta válida? De acuerdo a los criterios académicos en materia de encuestas, un ejercicio válido es aquel que aborda al 10% del total de la muestra.

En nuestro caso, para que una encuesta electoral sea confiable, debería entrevistar al 10% del padrón electoral. Por supuesto, para un medio de comunicación esto es impracticable. Sobre todo cuando los guía el afán de ganar lectores, en lugar de informar con precisión.

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