miércoles 17 abril 2024

Dictaduras: Cuba, Chile y otras

por Alejandro Vázquez Cárdenas

Este 10 de octubre se cumplieron apenas dos años de la presidencia de Miguel Díaz-Canel en Cuba. Digo “presidencia” tan solo para  respetar la definición  que la Real Academia da a dicha palabra “1. f. Dignidad, empleo o cargo de presidente.  2. f. Acción de presidir”.

La realidad es que el Sr. Díaz-Canel recibió como herencia el puesto de dictador de dicha isla, por así haberlo decidido el único con voz y voto en esa isla, el Sr. Raúl Castro, mismo que recibió el poder de su hermano Fidel, omnipotente dictador por 50 años,  hasta que la biología puso fin a su prolongado reinado.

Documentos, noticias, relatos, bibliografía etc. sobre el longevo dictador de Cuba abundan;  para el caso me quedo en algo mas metafórico, la excelente novela de García Márquez, El otoño del patriarca, obra publicada en 1975,  de respetables dimensiones, densa, donde se retrata magistralmente el pensamiento y manera de actuar de un viejo dictador latinoamericano; sus miedos, su intolerancia, su crueldad y los medios de que se vale para seguir en el poder. En ella García Márquez pone en evidencia el nivel de degradación y abyección a que conduce un poder sin límites.

El libro llegó a Cuba, pero nunca se ha reeditado en la isla; a diferencia del resto de la obra de García Márquez El otoño del patriarca ha sido cubierto con un manto de silencio. Para cualquiera que lo haya leído, el paralelismo entre el dictador de la novela y Fidel Castro es evidente. No hay manera de confundirlo con otros dictadores latinoamericanos famosos, como Rafael Leónidas Trujillo, Alfredo Stroessner, Jorge Rafael Videla, Manuel Odría, «Tacho» Somoza o Augusto Pinochet.

Repaso el caso de Pinochet, dictador que, con toda probabilidad, está más en la memoria del lector que los no tan conocidos Stroessner y Odría. Un poco de revisión sobre el tema y nos daremos cuenta que a estas alturas aun les incomoda a muchos el escuchar que Fidel fue tan enemigo de la democracia y violador de los derechos humanos como lo fue Pinochet. Los hechos no mienten. Que Pinochet haya matado a más de 3 mil personas y torturado a decenas de miles no le hace más o menos tirano que Castro, que fusiló, conservadoramente, a cinco mil cubanos en los primeros años de su dictadura de medio siglo, eso sin contar los asesinados en Escambray. En Cuba, no encerraron a los “enemigos” en un estadio, como se hizo en Chile, pero sí recluyeron, y eliminaron, en cárceles y campos de concentración a miles de disidentes y “marginales”, empezando por los homosexuales.

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A los chilenos les fue mal durante diecisiete años, de 1973 a 1990, pero los cubanos aun esperan ver luz al final del túnel a más de sesenta años de instaurada la dictadura. Una diferencia absoluta, Pinochet, en el referéndum de 1989, no tuvo mayoría, y muy a su pesar se retiró y no impidió la transición a la democracia; Castro, en cambio, nunca quiso el riesgo de una elección democrática, y su única concesión  fue heredar el poder aparente a su hermano; sólo la muerte  lo retiró del poder real.  Fidel Castro siempre despreció la democracia y la libertad por ser obstáculos en el camino de “su revolución”. Así podemos entender el apoyo que Cuba, en su momento, dio a algunos regímenes criminales de África; la Habana mandó tropas para ayudar a Mengistu Haile Mariam, el genocida que implantó un régimen de terror en Etiopía.

Lo más triste de este asunto es que a estas alturas hay todavía algunos “intelectuales”, cineastas e incluso promotores de los derechos humanos que siguen defendiendo al régimen cubano mediante un «doblepensar» orwelliano. En el no muy lejano 2007 unas 2,500 personalidades extranjeras fueron invitadas a La Habana para celebrar un aniversario más de Castro. Para cualquier observador imparcial el paraíso castrista no existe, pero ellos solo vieron lo que deseaban ver. Extrapolando podemos aplicar la sentencia de Vitali Shentalisnki, periodista, escritor e investigador de los crímenes de la KGB: “Los intelectuales que visitaron la URSS creyeron lo que querían creer».

Muchos de los cubanos “de a pie”, no sé a ciencia cierta si son o no la mayoría,  lo que desean es cerrar el capítulo de una revolución que ha arruinado el país y reducido el nivel de vida por debajo de los indicadores socioeconómicos de los años 50. Cuba estaba en ese entonces con indicadores económicos y  de salud superiores a muchos países europeos y a casi todos los países latinoamericanos, actualmente  en Cuba todos son pobres, con excepción de la «nomenklatura». Sus publicitados logros en salud y educación resultaron ser unas «Aldeas Potemkin». Y que no vengan con el trasnochado argumento del “bloqueo” de Estados Unidos; ese bloqueo nunca ha existido, es en realidad, un embargo comercial tan laxo que es un autentico colador; Cuba puede comprar lo que quiera en donde quiera, lo que pasa es que no tiene dinero.

Fidel Castro fue un dictador, Raúl Castro igual, y Diaz-Canel una caricatura de ellos. Cuba es una tragedia, pero los apolillados fanáticos de la “izquierda” jamás lo aceptarán.

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