martes 18 junio 2024

Pluralidad versus pensamiento único

por Manuel Cifuentes Vargas

Rescato un párrafo que no tiene desperdicio de un discurso que pronunció Michelle La Vaughn Robinson, la señora Obama, quien, en una ocasión, en el fragor de una campaña electoral, dijo que “la presidencia no cambia quién eres; revela quién eres. Y lo mismo es cierto de una campaña presidencial. Así que si un candidato es errático y amenazante. Si un candidato explota prejuicios, miedos y mentiras en campaña; si le falta al respeto a sus conciudadanos… No se trata de enviar tweets ofensivos o dar discursos agresivos. Se trata sobre si el candidato es capaz de asumir la impresionante responsabilidad de liderar esta nación. Ser presidente no es un “reality show”. Si un candidato no tiene planes claros para cumplir sus promesas, eso es lo que son, esa es la clase de presidente que serán, créanme. Un candidato no va a cambiar de repente cuando asuma el cargo. De hecho, es lo contrario, porque en el momento que ese individuo hace el juramento, queda bajo la luz más candente y dura que hay, y no hay manera de ocultar lo que realmente son. Y para entonces, ya es demasiado tarde.” 

Ahora bien, si hacemos una parábola futbolera, podemos decir que llegó el momento de la gran final entre el bloque de los partidos políticos en el poder y el de los partidos políticos de la oposición, porque el otro partido político que se alista también para entrar a la contienda es solo testimonial, y quizá solo para estorbar. Me parece que no será un partido fácil para ninguno de los dos bandos, sino aguerrido porque ambos van con todo, por lo que, así lo creo, de pronósticos reservados. 

El reto para el grupo opositor es fuerte, sobre todo cuando se tiene enfrente a un trabuco; a un buldócer, como luego se dice por ahí cuando se acude al lenguaje ordinario; y la realidad es que Morena, más con el acompañamiento dócil de sus partidos llavero, si lo es. Con más razón cuando los factores reales de poder ya sean formales e informales; esto es, cuando los poderes reales legales y a veces hasta los ilegales, están interesados en el juego y, obviamente en su resultado. Se atraviesa por un momento crucial. De que está difícil es cierto, pero no imposible. 

Lo que hoy está en el terreno del juego es la democracia o la uniformidad de un solo pensamiento. El equipo de la oposición es el de la diversidad y la pluralidad. El otro, el del Estado, el del pensamiento único. El peligro es que en el supuesto que llegara a ganar este último, pudiera ser quizá la muerte de la democracia a cargo del pensamiento único que se imponga en el país. Yo sé que no vamos a dejar morir a la democracia. 

Como en otros momentos hemos dicho, es válido simpatizar y comulgar con ciertas formas políticas de pensar; con otras corrientes políticas, partidistas e ideologías; pero siempre y cuando no se excluya ni repudie al otro; sino por el contrario, que se tenga un auténtico ánimo y aliento democrático, porque ésta, la democracia, debe estar por encima de todo. Esto es tener grandeza de espíritu político. La política es servicio. Esta es su esencia, razón y misión. 

El problema es cuando se quiere imponer y dominar con pensamiento único y así gobernar. Sin embargo, hay valores superiores; es decir, que están por encima de formas de pensar y de ideologías, como lo es el bienestar general de los pueblos y el de los propios países, para no poner en riesgo su viabilidad, salud y su propia existencia. El país es nuestro hogar, por lo que siempre debe ser primero.

La democracia en su esencia pura no es excluyente. Todas las ideologías, cuando se tienen razonadamente y no se ensombrecen, tienen cabida en ella. Este es el valor de la libertad en la que la democracia se desarrolla. Por eso, no dejemos que nos laven el cerebro. No dejemos que nos ideologicen para automatizarnos. No dejemos que enfermen y envenenen nuestro cerebro. No dejemos que nos quiten nuestro libre albedrio. No dejemos que nos quiten nuestro derecho a pensar y a expresar nuestras preferencias electorales. No dejemos que nos manipulen. Los gobiernos no son los dueños de nuestra libertad ni de los países. Me parece que por eso Charles Spencer Chaplin decía: “Soy un individuo y creo en la libertad; esa es toda la política que hay en mí.” 

Por las condiciones que vive el país, la democracia está en riesgo; por lo que todavía se puede trabajar, dentro de las reglas de la veda electoral, para promocionar el voto y de esta manera reforzar a la democracia. Trabajar con los electores pasivos; con los abstencionistas; con aquellos que se fugan el día de la elección para no votar, y con quienes venden su conciencia cívica por unos cuantos pesos para satisfacer solo un momento de su necesidad, a cambio de su voto, tal y como lo hizo Barrabas, quien por unas monedas faltó a su conciencia de creencia y fe, y vendió su alma “al mejor postor”.

La indolencia y ese abstencionismo arraigado que venimos arrastrando en los procesos electorales, no puede convertirse, parodiando a Gabriel García Márquez, en la “crónica de una muerte anuncia”. ¿A caso vamos a matar a la democracia? Salimos a votar, o se nos va el país de las manos. Tenemos que salir a votar y a votar bien. A emitir un voto Informado, razonado, consciente, convencido y útil. Esto es, con un voto inteligente. Alguna vez el presidente de los Estados Unidos de América, John Fitzgerald Kennedy dijo que “la ignorancia de un votante en una democracia perjudica la seguridad de todos.”¹

Estoy convencido que la democracia, a falta de otro sistema de gobierno mejor, es la forma que más le conviene y acomoda a todos los países. Es en la que pueden vivir en mejor confort. En la que la libertad les permite desarrollarse con mayor armonía, bienestar y felicidad social y humana. 

Eso fue lo que nos dejaron como legado nuestros padres creadores de la Constitución. Los fundadores del orden democrático constitucional. Somos libres. Nuestro destino manifiesto es ser libres por propia voluntad soberana desde que nacimos como país. Somos libres para decidir nuestro destino. Y el nuestro es el de ser un México libre y democrático.


¹. Frase expresada por John F. Kennedy en una entrevista en Hyannis Port, Massachusetts, el 25 de noviembre de 1961, ante Aleksei I. Adzhubei, editor del periódico ruso “Izvestia”, quien era yerno del primer ministro soviético Nikita Khrushchev.

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