lunes 26 febrero 2024

“Los más pobres no han recibido nada de AMLO”: Macario Schettino

por Ariel Ruiz Mondragón

Camino al último tercio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador los que ya parecen perfilarse como los resultados y las consecuencias de su gestión en diversos ámbitos, especialmente en los de la pobreza, la corrupción y la economía, son objeto de evaluaciones y críticas.

Uno de los exámenes más severos sobre el gobierno actual es presentado por Macario Schettino en su libro México en el precipicio. El fracaso económico de la 4T (Ariel, 2022), en el que repasa los antecedentes de las ideas de López Obrador desde su formación en los años 70, después cuando fue presidente del PRD y como jefe de Gobierno del Distrito Federal, hasta sus principales acciones al frente del gobierno de la República. 

En su libro, Schettino es lapidario respecto al proyecto de López Obrador y sus logros, como lo expresó en un artículo reproducido en el libro: “Ha destruido buena parte de lo que habíamos levantado en los 25 años previos, sin duda, pero no ha logrado construir nada a cambio. Hoy mismo, nada de lo que ha hecho tiene posibilidad de sobrevivir”.

Conversamos sobre ese libro con Schettino (Orizaba, 1963), quien es doctor en Administración por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, del que es profesor-investigador de la Escuela de Gobierno en su campus Ciudad de México. Ha colaborado en publicaciones como El Universal, Milenio, El Financiero y Nexos, entre otras. Es autor de 15 libros. 

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué hoy un libro sobre los proyectos de Andrés Manuel López Obrador en apenas su cuarto año de gobierno?

Macario Schettino (MS): La idea provino del director de la editorial, Gabriel Sandoval, quien me sugirió escribir un libro sobre los proyectos de infraestructura del presidente porque había estado publicando sobre eso en el periódico.

El día que platicamos le conté de la época en que yo colaboré con López Obrador por un poco de tiempo, hace más de 25 años, y me dijo: “Tienes que empezar con eso”. Así lo hice, por lo que comienzo narrando aquella anécdota de los proyectos de infraestructura, pero a la hora de escribirlo me di cuenta de la necesidad de entrar en el tema de política social y, una vez haciéndolo, tratar de poner en claro el problema en el que estamos ya metidos porque no nos alcanza el dinero porque el gobierno no tiene tanto como la gente cree y no puede gastar en tantas cosas al mismo tiempo.

Creo que vamos camino a una circunstancia difícil, y probablemente por esa razón la editorial fue la que decidió ponerle el título, que es fuerte pero en principio tiene razón: es un camino rumbo al precipicio.

AR: Al principio justamente me llamó la atención la anécdota de cuando conoció a López Obrador, y cuenta que en aquel desayuno él se tuvo que ir rápido porque iba a ver al presidente Ernesto Zedillo para exigirle un cambio de modelo económico. El mandatario le respondió que, si el PRD tenía una alternativa, lo consideraría. Eso fue en; 26 años después, ¿López Obrador tiene una opción al neoliberalismo?

MS: En realidad, no. López Obrador nada más entiende bien del tema del poder, lo político; en todo lo demás no tiene mucho conocimiento, y no es tampoco una persona muy inteligente. Se le dificultan todos esos asuntos y no les dedica tiempo, y más bien va usando lo que le conviene en términos de llegar al poder, que fue lo que intentó durante 18 años, y ahora busca mantenerlo el mayor tiempo posible, a lo que se debe la idea de que este proyecto dure décadas. Yo francamente lo veo difícil porque en cuatro años no han tenido ni un solo resultado, ni siquiera para mantener el poder.

Yo veo difícil que sea así, pero esa es la razón de esto: López Obrador no tiene una idea económica, y está tratando de retomar de su pasado pedacitos que le gustaron. Él llegó a la Ciudad de México en los años 70 y lo que vio fue un gobierno centralizado en una sola persona, que era, además, un parlanchín: Luis Echeverría.

Él reproduce, en buena medida, lo que hacía Echeverría, al extremo de querer ser ahora premio Nobel de la Paz; es muy extraño, pero es lo mismo que quiso Echeverría en su momento.

A López Obrador también le tocó ver la explosión petrolera de Tabasco; ese estado produce desde hace 100 años, pero en realidad su gran incremento ocurrió en los años 70, cuando pasó de producir 100 mil barriles diarios a un millón, y lo que él vio fue una gran derrama económica y piensa que eso se puede reproducir a nivel nacional. Eso no va a ocurrir, y menos hoy, 50 años después de esa época. Pero eso es lo que él puede imaginar.

AR: En el libro usted recuerda los años 70 incluso a nivel mundial. Dígame tres proyectos de aquellos años que hoy quiere recuperar el presidente.

MS: La primera característica, muy importante, es que él se imagina un país en donde el gobierno dirige la economía, como en los años 70, cuando más de la mitad del PIB estaba en manos directamente del gobierno.

Segundo aspecto: una economía centrada en la producción de energía local: petróleo, electricidad, etcétera, controlada desde el gobierno y con producción nacional.

Y, adicionalmente, lo que él quisiera recuperar es la relación que había en los años 70 entre empresarios construidos desde el poder con el presidente de la República, a quien le debían sumisión a cambio de obtener negocios. Hay que recordar que las grandes fortunas en México (fuera de las de Monterrey, que son anteriores a la Revolución mexicana) se hicieron al amparo del poder del PRI, y los empresarios que hoy integran su Consejo Asesor son los que rompieron el funcionamiento del Consejo Coordinador Empresarial a favor de López Obrador porque viven de concesiones del gobierno. Ellos lo llevaron al poder en venganza por las reformas estructurales que se impulsaron en el sexenio anterior.

AR: En ese sentido, usted dice que la figura de López Obrador creció en buena medida por su ofensiva contra el Pacto por México, y que quienes lo apoyaron están también contra esas reformas. En ese tenor, ¿cuáles son los intereses que defiende López Obrador con su política económica?

MS: Él trata de defender a quienes lo llevaron al poder: las grandes fortunas que se hicieron con concesiones en México: Azcárraga, Salinas Pliego, que tienen los medios electrónicos, y otros con las mineras, como Larrea o Bailleres, y quienes han tenido otras más recientes aunque del mismo estilo, como Slim.

Creo que se identifica a estas personas alrededor del Consejo Asesor Empresarial y se observa cómo se les han estado dando negocios en este sexenio…

AR: Como Vidanta…

MS: Pues sí, aunque es muy diferente a lo anterior. El señor de Vidanta, además, es muy amigo de él, pero no es una fortuna que se hizo en aquella época sino que fue creciendo en los años 80 y 90, pero que también depende mucho del apoyo del gobierno para conseguir los terrenos de playa, que no son sencillos. Ya le habían dado las Islas Marías, y luego como que escondieron y dijeron que van a ser de la Marina, pero vamos a ver porque allí también hay negocios oscuros.

Entonces son ellos y sindicatos como los de maestros, los petroleros, los electricistas, los que le ayudaron a gana, y ahora les está pagando revirtiendo las reformas hasta donde le es posible.

AR: Usted cita uno de sus artículos de 2005 en el que decía que López Obrador es un excelente político, y en otro decía que es “extraordinario” en ese aspecto. Pero en otras partes dice usted que “no sabe hacer política”. ¿Cómo conciliar esos dos aspectos?

MS: Pongo un artículo de 2005 donde digo lo de “excelente” y, luego, en un artículo más reciente, digo que no sirve, para demostrar que con el tiempo he ido cambiando algunos aspectos de cómo lo percibo porque uno va aprendiendo algunas características que no eran tan claras al principio.

Es un excelente opositor; es decir, es una persona que puede vivir en el margen del sistema político, y estar en ese lugar exige un liderazgo muy autoritario, muy agresivo, demagógico, y eso lo sabe hacer muy bien, pero no puede funcionar en democracia. Entonces, cuando le toca ser presidente y estar dentro del sistema, no lo puede hacer; eso es lo que hoy me parece muy evidente y es lo que explico en la segunda visión que ahí planteo.

Esa es la diferencia entre las dos afirmaciones y por eso las incluí: para hacer evidente que uno nunca sabe todo, que va uno empezando a entender distinto con el tiempo.

AR: Usted recuerda del periodo de López Obrador en el Gobierno del entonces Distrito Federal tres aspectos: el segundo piso, las pensiones a los adultos mayores y las conferencias de prensa. Yo podría uno más: el desafío sistemático a la ley, cuando menos desde que fue candidato. ¿Cuál es el costo de esto?

MS: Nos ha costado mucho en tanto hemos perdido lo que habíamos avanzado en materia de construcción del Estado de derecho, que es algo difícil de hacer en cualquier lugar. Los países que lo empezaron a construir, los europeos, han tenido éxito, pero lo hicieron en un proceso que duró 500 años, no de un día para otro, y costó millones de muertos. Es difícil de hacer.

Nosotros habíamos avanzado, primero, en el tránsito a la democracia, con una Suprema Corte de Justicia autónoma (que fue una medida que promovió Ernesto Zedillo, y fue muy importante). Es la institución que critica López Obrador y dice que está violando las leyes, pero es el tema de 2005: el desafuero. Pero pues habíamos ido avanzando en el tema de que los mexicanos aprendiéramos que la ley se tiene que cumplir, lo que no es un asunto que ocurra de un día para otro.

Ya llevábamos 25 años de avance, que es lo que López Obrador borró por completo. Esto es muy notorio que tenemos un incremento no estrictamente en el número de homicidios, pero sí en la violencia, sí en la incapacidad de hacer cumplir la ley. Esto se percibe también en la informalidad más amplia y en que a los gobiernos hoy ya no les importa nada: si el presidente no hace caso a la ley, ¿por qué ellos sí? Nadie está queriendo cumplir la ley, y esto nos va a hacer perder 25 años de avance.

AR: Al respecto, ¿cómo ha observado el proceder del Poder Judicial, desde los jueces especializados en ciertas materias hasta el funcionamiento de la Suprema Corte? Usted cita el caso de la constitucionalidad de la Ley de la Industria Eléctrica.

MS: El Poder Judicial también fue mejorando en el transcurso de estos años. Cuando entramos en el Tratado de Libre Comercio no había ni Ley de Competencia Económica, y la tuvimos que hacer para ingresar en él. Obviamente no había jueces especializados en el tema, pero ya los hay y aprendieron mucho en este tiempo. Tenemos, además, una experiencia en la Comisión Federal de Competencia muy importante. Hay también jueces especializados en materia energética, por lo que hemos ido avanzando mucho.

Creo que la Suprema Corte de Justicia está aguantando bastante la presión del presidente. Hay, sin duda, dos ministras que trabajan para López Obrador y es todo lo que hacen, que son Yasmín Esquivel y Loretta Ortiz, quienes son, además, esposas de personas muy cercanas a López Obrador —es un tema familiar, pues. Y está el ministro presidente, el señor Zaldívar, que ha sido una cosa terrible y que afortunadamente deja ese cargo. Esas son las personas que me parecen más peligrosas en la Corte por su nivel de servilismo frente al presidente. Los otros ocho a veces tienen opiniones que no le gustan a uno, pero de eso se trata la Corte: de que haya personas que piensan distinto y decidan diferente. Lo que no se puede es ser servil, que eso lo que yo creo que son los ministros que mencioné.

El Tribunal Electoral también aguantó; allí había un personaje todavía más servil, José Luis Vargas, pero ya lo quitaron de la presidencia. Ahí van, no siempre las cosas funcionan como uno quisiera, pero algo se logra. Ojalá y sobrevivan estos espacios de legalidad para que en el próximo sexenio puedan funcionar de una manera un poco más decente.

AR: Vamos sobre los caballitos de batalla de López Obrador: la política social, los pobres: ¿se pueden comparar anteriores programas sociales, como Progresa-Oportunidades-Prospera y el Seguro Popular, y los que ahora ha implementado López Obrador: el Insabi, el IMSS-Bienestar, Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida?

MS: En toda su historia México tuvo programas asistenciales: repartir dinero para que la gente no sintiera que era pobre. Eso cambió a partir de los años 90, cuando empezamos a hacer las cosas con un poco de más cuidado; el programa más importante que se desarrolló en esa época fue Progresa-Oportunidades- Prospera. No solamente fue muy exitoso en México: fue copiado por muchos países del mundo, incluyendo a Brasil en la época de Lula, quien hizo un programa similar al nuestro. A todo mundo le gustó y era un buen programa: el mejor que hemos hecho.

El Seguro Popular se inventó ya en el siglo XXI, por Julio Frenk, y es una gran idea, que se fue extendiendo, para poder financiar la atención a las enfermedades que causan gastos catastróficos a las familias.

Son los dos mejores programas sociales que hemos tenido en la historia, pero los destruyó López Obrador, y los reemplazó, en el caso de Progresa-Oportunidades-Prospera, por, otra vez, política asistencial: repartir dinero a las personas porque esa es una forma de comprar votos. Son programas ciento por ciento clientelares.

En el caso del Seguro Popular, lo reemplazó con una cosa que llaman Insabi, que no sirvió para nada más que para tirar dinero, y ahora lo quieren mover a IMSS-Bienestar, que va a ser lo mismo: no va a poder funcionar.

La idea de que el Estado mexicano puede dar servicios de salud a toda la población es un absurdo: eso no lo puede hacer. Lo que se puede hacer es involucrar a todas las personas que se dedican a la salud en un sistema en donde cada quien pueda participar y el gobierno se haga cargo de financiar esos procesos y de simplificar los trámites entre los distintos órganos, pero no los puede reemplazar, y eso es lo que querían con el Insabi y lo que desean ahora con IMSS-Bienestar. No va a poder: es imposible porque cuesta muchísimo dinero.

El resultado neto de eso es que 20 millones de mexicanos perdieron acceso a la salud, que hoy no podemos vacunar más que al 30 por ciento de los niños y que tenemos desabasto de medicamentos en todas partes.

Eso es una tontería monumental que daña a la población; eso de “primero los pobres” fue un cuentazo. No hay ningún programa dirigido a los pobres en México: los que hay están dirigidos a la clase media baja, porque allí es donde compra votos. Esto es muy importante hacerlo claro: los más pobres de México no han recibido nada de López Obrador, nada.

AR: Otro de los temas con los que López Obrador está a diario: la corrupción…

MS: Y saca su pañuelito…

AR: Él ha dicho que por combate a la corrupción se ha recuperado hasta un billón de pesos. En su libro está el caso de Emilio Lozoya y ya. ¿Qué ha pasado en este tema?

MS: No hay ninguna evidencia de que la corrupción haya disminuido; el gobierno no ha presentado ningún dato que lleve a esto. Sí ha ocurrido que la opacidad ha crecido: sabemos menos del gobierno hoy de lo que sabíamos antes, nos han cerrado espacios de información, no están dejando trabajar bien al INAI.

Los indicadores globales que se hacen sobre corrupción, los que miden agencias internacionales, en todos nos hemos convertido en un país más corrupto durante este sexenio.

Ahora, con lo que está surgiendo con el Guacamaya es que efectivamente hay una gran cantidad de personas alrededor de López Obrador que están robando dinero, lo cual no debería sorprender a nadie porque así fue cuando él gobernó la Ciudad de México, cuando creció la corrupción. Él vivió durante 12 años sin dedicarse a nada en particular y mantenía giras, grupos y demás, lo que cuesta dinero que tuvo que salir de algún lado y del que nunca supimos de dónde porque nunca ha transparentado sus ingresos y nunca hizo declaraciones fiscales.

Entonces, en realidad, en el mejor de los casos, la corrupción es igual, aunque todo indica que es peor.

AR: Otro tema: la desinstitucionalización y la austeridad, con los recursos dedicados al Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía, además del Transístmico. ¿Qué costos vamos a tener que pagar y qué vamos a sacar de ellos?

MS: Ese proyecto del Transístmico lleva más de 100 años; lo empezó Porfirio Díaz y lo han intentado muchas personas y nunca acaba porque no es sencillo. Además, no es uno de los proyectos que López Obrador haya promocionado mucho, pero era el único que medio podía funcionar, pero creo que ya no lo hará porque no le dieron los recursos que realmente necesita.

Me parece que la destrucción que ha hecho López Obrador de la capacidad de gestión pública es muy importante: corrieron a todos los que sabían, no nada más secretarios y subsecretarios. Usted va a cualquier secretaría hoy y se encuentra con que nadie sabe qué es lo que hay que hacer, ni cómo se hacen los oficios ni cómo se toma la disponibilidad presupuestal o cómo se asignan recursos ni cómo se promueven. Nada.

Entonces vamos a tener que volver a contratar gente que sepa; para eso hay que volver a pagar algo decente en el gobierno porque eso de la austeridad es una tontería monumental. Hay que hacer atractivo trabajar en él para que la gente calificada vaya para allá y luego hay que exigirle que haga las cosas bien.

Eso es algo que hay que hacer en el próximo gobierno. Por el momento no se puede hacer mucho.

AR: Sobre eso, desde el principio hasta el final hay una inquietud: ¿cómo vamos a revertir esa situación? Plantea usted una alianza amplia.

MS: Depende mucho de cuándo ocurra la crisis fiscal; si es antes de la elección va a simplificar las cosas porque todo mundo va a entender. Esto ya nos ha pasado muchas veces: en 1976, 1982, 1987, 1995. La crisis de fin de sexenio ocurría porque manejaban mal los problemas y al final se venía abajo.

Si eso ocurre antes de la elección, la gente tomará una decisión diferente y entonces un nuevo grupo llegará al poder y tratará de resolver las cosas.

Pero si la crisis ocurre después de la elección, entonces podría volver a ganar Morena, le tocará la crisis y tendrá que resolverla. Quienquiera que sea, necesitará trabajar en un proceso de arreglar las cuentas del gobierno, de contratar gente capaz y calificada y de tratar de ignorar los conflictos provocados por López Obrador en los que estamos ahora. Si gana Morena con la candidata del tabasqueño, va a ser muy difícil para ella porque lo va a tener encima todo el tiempo. Él no quiere irse y desea que sea Claudia porque ella le obedece.

Pero vamos a ver qué ocurre.

También te puede interesar