lunes 27 mayo 2024

El presidente y el innuendo

por Óscar Constantino Gutierrez

En un artículo reciente, Leo Zuckermann explica que una de las tácticas de propaganda a las que recurre el actual régimen es la del innuendo, la insinuación indirecta. Considero que se le puede definir como “la calumnia que se disfraza de no calumnia”.

Junto con el whatsboutismo, el innuendo es una de las prácticas más despreciables de un gobierno, porque implica, además de violencia política, que el agresor es un cobarde, carente del mínimo valor civil para sostener directamente sus afirmaciones, en su lugar recurre a una alusión oblicua, medrosa, para criticar algo o alguien.

El problema de esta narrativa violenta desde el poder es que en México ya causó el “Síndrome de Enrique II” y tenemos a varios sujetos sin autoridad efectiva, a veces simples civiles, que imitan los modos presidenciales y se dedican a calumniar con insinuaciones. Si de por sí la falsa acusación es miedica, la ausencia de valentía del bailarín de innuendo es repulsiva.

CIUDAD DE MÉXICO, 20JUNIO2019.- FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

En estos días, como consecuencia del texto del Financial Times (FT) que critica el autoritarismo del presidente de México, algún “reportero” de Russia Today (RT) publicó en redes sociales su gran descubrimiento: que Martin Wolf y Gideon Rachman, comentaristas del FT, eran “asiduos asistentes” a las reuniones de Grupo Bilderberg. Este es un caso de libro de innuendo. Cuando se confrontó al insinuador de Sevilla, escurrió el bulto, afirmando que no mencionó conspiración alguna. En algo no miente: no tuvo los arrestos para hacer un señalamiento directo, se limitó a insinuarla. Pero, si no deseaba afirmar que existía una colusión, conspiración o alianza perversa, ¿cuál era el interés periodístico de referir que esos autores van a tales reuniones?

No obstante, el emisario de RT se había contradicho: en el primer tuit de su hilo sobre ese tema, encabezó con “Para entender qué hay detrás de la crítica del Financial Times a AMLO”. En el siguiente tuit afirmó:

“Históricamente, el FT ha sido el brazo mediático del capital financiero trasnacional. Durante la década de 1980, apoyó a Margaret Thatcher y Ronald Reagan (artífices del proyecto neoliberal) y promovió el rescate financiero de los grandes bancos a nivel global en 2008”.

En el siguiente tuit señaló a Martin Wolf y Gideon Rachman como asistentes “a las reuniones del Club Bilderberg (sic)”. En el mismo hilo, tres tuits después, lanzó la siguiente invectiva:

“El Club Bilderberg (sic) es un foro donde las élites occidentales fijan postura sobre diversos temas en sigilo. No permiten el acceso a periodistas y sólo se asiste por invitación.

Queda claro que los intereses de este grupo no son los mismos intereses de la mayoría de los mexicanos”.

El hilo sigue con una narración sobre la influencia de medios como el FT o The Wall Street Journal y, para evitar la comisión de un crimen de lesa humanidad, no los torturo con su cita, basta con mencionar que el tuitero de RT señaló que esa prensa económica es la “caja de resonancia del capital financiero trasnacional”. Luego de su retrato de las malosas publicaciones coludidas con la elites políticas y económicas mundiales, el candidato eterno al Pulitzer remata con dos tuits que podrían haber salido de la pezuña de Gibrán Ramírez:

“Todo esto es nada más para contextualizar por dónde va la crítica del FT hacia el “autoritarismo” de AMLO.

Se necesita ser muy ingenuo para creer que los intereses de la banca trasnacional son los mismos que los mexicanos que viven en la sierra o en la periferia de las ciudades”.

“Los medios hegemónicos son brazos ideológicos de los dueños del mundo. Algo estará haciendo López Obrador que está incomodando a los señores del dinero a nivel global. Esos mismos sectores que aplaudían a Bolsonaro cuando propuso destruir la Amazonía para elevar la inversión”.

Lo bueno es que el Clark Kent de la Condesa no estaba mencionando conspiración alguna. O sea, hasta malo para hacer innuendos es el sujeto: durante quince tuits se dedicó a contar que existe una élite económica que se encuentra vinculada con la prensa que criticó a López Obrador, pero, con la referencia al Grupo Bilderberg sostiene que no mencionó conspiración alguna. Mi Perry White capitalino, Marco Levario Turcott, calificaría la maroma de ese asalariado de la prensa rusa con una frase que dejo a la imaginación del lector.

El problema de este tipo de calumnia es que está proliferando y abusa de la buena fe del lector en redes. Resulta muy fácil soltar un innuendo como ese y que, en el teléfono descompuesto, la tía Gertrudis diga que el primo José Luis le comentó que “el Grupo Bilderberg es una organización maligna que se asoció con el Financial Times para atacar al pobrecito presidente Obrador, porque él sí es bueno y ve por los intereses del pueblo, no como ese malvado neoliberal de Carlos Loret” (tía que no le echa de su cosecha, no es tía de Facebook).

La culpa de la abundancia de este tipo de falsedades injuriantes es de un solo hombre: Andrés Manuel López Obrador. Al igual que su predecesor en la arbitrariedad, Enrique II, le basta con soltar un lamento porque el FT lo critica y señalar que ese medio defiende lo neoliberal (y, por ende es malo) para que salgan de sus piedras los Hugos de Morville dispuestos a dar la primera puñalada contra el crítico de su amo.

Hasta ahora, la mayoría de los brutos dispuestos al ataque vil, se han limitado a calumniar a la cobarde (con innuendos), a usar el meme y el cartón canalla para demeritar al análisis contrario al lopismo (sugiero leer el excelente texto que esta semana, sobre ese tema, Leo García publicó en etcétera) o trollear desde las redes sociales.

Pero también aparecieron otro tipo de alimañas, súbditas del líder populista, que proponen fusilamientos en el Cerro de las Campanas, destierros, así como expropiaciones forzosas contra los que no se sometan a los planes y designios del hombre que vino de Macuspana.

Ojalá el presidente López nunca suelte una frase como la atribuida a Enrique II, porque si el caudillo tropical llega a decir “¿nadie me librará de este intelectual molesto?”, la responsabilidad de lo que suceda sólo será suya, igual que en el caso de ese rey inglés, cuya memoria debería ser una lección para el presidente: pasar a la historia como el gobernante que, con sus caprichos autoritarios, causó la muerte de un crítico, no se parece al tipo de conducta por la que Juárez, Madero o Cárdenas tienen un lugar prestigioso en la cultura mexicana, espacio anhelado obsesivamente por el tabasqueño.

El panteón de los héroes mexicanos no está integrado por detentadores del poder que hacen pataletas: el prototipo del autócrata berrinchudo es Nerón y, hasta el momento, López Obrador se parece más al megalómano de Anzio que al Tata de Jiquilpan.

Y con tales sicofantes propagando innuendos en contra de intelectuales, periodistas y críticos, no puede esperarse que el lugar de Andrés Manuel en la historia sea mejor que el habitado por Echeverría o Santa Anna…

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