sábado 24 febrero 2024

El Sur Global en el espejo del Tercer Mundo

por Pedro Arturo Aguirre

Se ha puesto de moda el término “Sur Global” para designar, grosso modo, a todas esas naciones que durante la guerra fría eran conocidas como “el Tercer Mundo”. Se trata de una muy amplia franja de naciones la cuales tienen en común revisar las estructuras injustas de la economía global y promover el surgimiento de un sistema más multipolar. Pero los analistas y los responsables políticos harían bien en invocar el término con mayor moderación para evitar generalizaciones injustificadas y errores del pasado Objetivamente hablando el Sur Global es un grupo de países sumamente heterogéneos con intereses divergentes, cuando no incompatibles. Yo le veo muchos parecidos al Sur Global con el tercermundismo, ello a pesar de algunas obvias diferencias. El “Tercer Mundo” fue una de las más poderosas referencias durante las décadas de 1960 y 1970. Era muy atractivo dividir al planeta en tres mundos, como lo describió por primera vez el demógrafo francés Alfred Sauvy en 1952: un “Primer Mundo” integrado por Estados Unidos y sus aliados occidentales; un “Segundo Mundo” compuesto por la Unión Soviética y sus satélites; y un “Tercer Mundo” con toda la banda de naciones “en desarrollo”, a menudo no alineadas, muchas de ellas recientemente emancipadas del colonialismo.

Al principio esto de Tercer Mundo no era una designación peyorativa y hubo quien incluso la describió como “una nueva fuerza vital en asuntos internacionales” y “columna vertebral del Movimiento de Países No Alineados” , Incluso en México tuvimos a entusiasta del tercermundismo: Luis Echeverría. “Vivan los países del Tercer Mundo”, llegó a gritar el presidente de la guayabera un 15 de septiembre. Cada loco con su tema a la hora de dar el tradicional grito de Independencia desde el Zócalo, no cabe duda. Pero el concepto terminó por desprestigiarse al ser asociado con naciones plagadas de pobreza e inestabilidad. “Tercer Mundo” se convirtió en sinónimo de repúblicas bananeras gobernadas por dictadores de poca monta y políticos corruptos. La caída de la Unión Soviética, y con ella el fin del Segundo Mundo, proporcionó un magnífico pretexto para desaparecer al “Tercer Mundo”. Por eso ya en este siglo se intensificó el uso de “Sur Global”, un término más neutro y aceptable, el cual denota una mezcla de puntos pretendidamente comunes de carácter geopolítico y económico entre las naciones ex pertenecientes al viejo “Tercer Mundo” 

Se podría concluir, por tanto, que esto del Sur Global es una mera extrapolación del concepto “Tercer Mundo”, pero no es así, al menos aparentemente. El tercermundismo transmite imágenes de impotencia económica, lo cual no es cierto para el “Sur Global”, al menos para algunas de sus naciones más conspicuas, y este cambio económico va de la mano con una mayor visibilidad política (otra vez, al menos para algunos casos). Los países del Sur Global (no todos) se están imponiendo cada vez más en la escena mundial y están mostrando músculos políticos y económicos completamente ausentes en los sufridos países de aquel “Tercer Mundo” que inspiró al licenciado Echeverría a escribir la famosa y olvidada Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados. Pero este nuevo y más orgulloso apelativo globalista carece de la profundidad y diversidad del mundo que pretende describir.  Su limitación más evidente radica en su incoherencia conceptual. La etiqueta amalgama un grupo notablemente heterogéneo de 134 países, que representan unos dos tercios de la población mundial y se extienden por vastas extensiones de África, Medio Oriente, Asia y América Latina. Podría afirmarse que el Sur Global corresponde al Grupo de los 77, una colección de países poscoloniales y en desarrollo que se unieron en 1964 para abogar (con muy poco éxito, debe decirse) por sus intereses económicos colectivos y mejorar su capacidad de negociación en la ONU, y la cual -por cierto- acaba de celebrar la semana pasada su cumbre anual en La Habana (of all places!), en la que México logró su reingreso (había salido en 1994 tras ser admitido en la OCDE), en cumplimiento de otra de las añoranzas setenteras de la 4T.

Los miembros del G77, ahora con 134 países con el reingreso mexicano, se refieren regularmente a sí mismos como el Sur Global. Hablemos entonces de naciones que van desde Chile a Bután, Malawi a Malasia, Bangladesh a Turquía, Gabón a Argentina y Filipinas a Siria. Se abarca tanto a las principales potencias emergentes (incluidos aspirantes a escaños permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU como Brasil, India y Sudáfrica) como a minúsculos estados como Benín, Fiji y Burundi. Algunos miembros del Sur Global pueden compartir intereses superpuestos, pero la genuina relevancia política de esta metacategoría internacional no es obvia dada la gran diversidad económica, política y cultural y las circunstancias y preferencias nacionales de cada nación incluida. De hecho, el término corre el riesgo de reforzar dicotomías y estereotipos inexactos y obsoletos al evitar ver el mundo en toda su variedad económica y geopolítica.

Al hablar a destajo del Sur Global se ignora el impresionante crecimiento de algunos de sus miembros frente a la desesperante pobreza que aun impera en algunos otros. La etiqueta también ignora la diversidad de los regímenes políticos y la calidad de la gobernanza entre sus miembros. La cohorte reúne a democracias tan sólidas como Uruguay con regímenes dictatoriales como los padecidos por Myanmar, Chad o Venezuela. Tampoco se proporciona mucha información sobre la orientación geopolítica de sus miembros. Por ejemplo, ahora mismo vemos como algunos países del Sur Global reprueban la invasión a Ucrania, otros prefieren ser neutrales y algunos incluso la apoyan. También son notables sus diferencias en las propuestas para reformar las estructuras de ciertos organismos internacionales, como la ONU.

El uso del término Sur Global invita también a recaer en una peligrosa generalización. Sucedió con el término “Tercer Mundo”, el cual fue visto por las potencias como un terreno indiferenciado para la competencia entre ellas en lugar de involucrar a las naciones individuales como actores por derecho propio que poseen identidades, intereses y motivaciones distintivos. Ahora, a medida en que la rivalidad global chino-estadounidense se calienta, dinámicas similares están una vez más en juego. Para prevenir errores del pasado se debe evitar cosificar al Sur Global como si se tratase de un monolito y en su lugar adaptar estrategias de compromiso con países específicos, sobre todo cuando se trata de los Estados más relevantes: Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica o Turquía, entre otros.

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