La crisis de Venezuela ya no sólo es económica y política sino también humanitaria. Es ya la más grave de todas. A partir del 2015, 81% de la población (25.7 millones de 31.1 millones) se encuentra en situación de pobreza y de esos 34% en pobreza extrema, según un estudio conjunto de la Universidad Central, la Universidad Simón Bolívar, ambas públicas, y la Universidad Andrés Bello, de los jesuitas.
En el 2016, se estima que la inflación llegue a 720% y en el 2017 a 2,200%, según el FMI. Es un golpe demoledor a la capacidad de compra e impacta de manera decisiva en el aumento de los niveles de pobreza. En el primer trimestre del 2016, cubrir el costo de la canasta básica requirió 17.6 salarios mínimos. En los próximos meses se va a necesitar una cantidad todavía mayor.
Ahora el salario mínimo mensual es de 15,051 bolívares (13 dólares en el mercado negro). En el gobierno de Maduro, el salario mínimo ha aumentado 12 veces, pero la capacidad de comprar ha caído en 64 por ciento. En el 2015, 12.1% de los venezolanos comió sólo una vez al día, según la investigación a la que se hace referencia. Al costo de los productos hay que añadir la radical escasez de los mismos. Se establece un círculo perverso. El saqueo de carreteras y establecimientos de los barrios aumenta.
En el 2015, la mortalidad general aumentó en 31%, según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Salud. Las asociaciones médicas del país califican el hecho como un escándalo. En el 2015 aumentó en 100% la muerte de bebés con relación al 2014. Es la cifra que existía 65 años atrás. Hay 90% de desabasto en insumos médicos, según la Coalición por el Derecho a la Vida y la Salud (Codevida) y de 85% de los medicamentos básicos, de acuerdo a la Federación Farmacéutica Venezolana. A pesar de la situación, el gobierno rechaza la ayuda internacional. Es el caso recientemente de Cáritas, organización internacional de la Iglesia católica. En los últimos 10 años han dejado al país más de 7,000 médicos.
El Observatorio Venezolano de la Violencia asegura que el número de los homicidios pasó de 24,980 en el 2014, 82 por cada 100,000 habitantes, a 27,875, 90 por 100,000 habitantes, en el 2015. En el 2016, se espera que la cifra se mantengan igual. En Caracas son 150 los asesinados por semana. La violencia surge del crimen organizado y de bandas. Con la crisis ha aumentado el secuestro y la extorsión, pero no hay cifras oficiales. De la población, 90% desconfía en la capacidad de las autoridades para hacer frente al problema de la violencia.
La crisis humanitaria está ahí. Lo datos son contundentes. La Venezuela de ahora no es la del barril a 100 dólares. Los ingresos del gobierno con el que sostenía la Revolución Bolivariana han caído en más de 70 por ciento. El gobierno de Maduro culpa de la crisis al imperialismo, a la burguesía local y a la oposición. Para prepararse a una supuesta invasión extranjera se ha dotado de poderes extraordinarios, vía decreto presidencial y no del Poder Legislativo. La invasión nunca va a ocurrir. La crisis tiene su origen en la inviabilidad del proyecto y en la irresponsabilidad de los políticos en el poder.
Este artículo fue publicado en El economista el 06 de junio de 2016, agradecemos a Rubén Aguilar Valenzuela su autorización para publicarlo en nuestra página.
