Cosas que pasan

La hemeroteca de Hiriart

El 18 de julio en Excélsior, Pablo Hiriart recrea una anécdota ocurrida en los 70 cuando un reportero de unomásuno, por instrucciones de Manuel Becerra Acosta, buscó afanosamente a Henry Kissinger que por entonces se encontraba en México en compañía de su esposa. Tras un largo peregrinar y varias negativas de Kissinger, el reportero lo encontró en una playa de Acapulco y ante tanta insistencia el a la sazón poderoso secretario de Estado le concedió la entrevista pero a condición de que sólo fuera una pregunta. Cuenta Hiriart que el reportero sólo atinó a preguntarle su opinión sobre Acapulco.

Y esa historia la relaciona con una conversación entre Ciro Gómez Leyva y Carlos Ahumada publicada el 7 de julio en Milenio. Dice Hiriart que lo publicado dejó “la misma sensación en los lectores, que esperaban más de ambos entrevistadores”, y luego refiere que Gómez Leyva -como el reportero de unomásuno– buscó durante mucho tiempo entrevistar a Ahumada cuando éste se encontraba en la cárcel y que una vez que pudo hacerlo sólo le hizo preguntas del tipo: “¿Por quién vas a hinchar mañana?” y no otras de mayor calado que él mismo sugiere. Lo que el columnista de Excélsior olvidó o no sabía es que la misma noche del 8 de mayo cuando Ahumada salió libre, Gómez Leyva lo entrevistó y esa conversaciónse publicó al día siguiente en Milenio y se transmitió en Radio Fórmula. Y ahí sí, hubo preguntas más interesantes.

Seamos derechos

El lenguaje políticamente correcto encubre hechos. Entre junio y julio, por ejemplo, la CNDH difundió anuncios sobre los derechos de los niños. Uno señala que “hay muchos niños que viven en situaciones de calle” y aunque suponemos que aluden a chavos callejeros o vagabundos, los términos son imprecisos, por eso valdría la pena poner aquel fraseo “en situación de calle”.

El lenguaje políticamente correcto también expresa lo que pretende evitar. Nos referimos a rasgos de la publicidad que, también en esos meses, promovió la Cámara de Diputados. “Yo quiero un México”, se lee en uno de los anuncios, “donde las limitaciones aparentes no sean motivo de exclusión…” y enseguida está la imagen de un minusválido. Nosotros, sin embargo, queremos un país donde las apariencias de anuncios como éste no engañen: cualquier insuficiencia física o mental no es aparente y puede ser motivo de exclusión en distintas esferas de la actividad humana. El asunto central es incorporarlos con sus incapacidades y, para ello, además de una auténtica política de Estado se necesitan “creativos” que comuniquen esto con precisión.

Otro anuncio que fija el paradigma del país que quiere la Cámara de Diputados es un lugar “donde entendamos que por ser diferentes debemos tratarnos de igual a igual”. Para nosotros no hay nada más contrario a la igualdad que el igualitarismo: tratar como iguales a quienes son diferentes es discriminación. Esa publicidad muestra a un indígena y citamos el caso para señalar que en veces, al tratársele como igual, éste llega a ser procesado legalmente sin tener algún intérprete. Sabemos, claro, que no creen eso quienes diseñaron la campaña, menos cuando afirman que ser indígena debe ser motivo de orgullo y no de discriminación aunque dejen de lado, o sea, discriminen, a quienes tienen el orgullo de no serlo sin discriminar al prójimo. Todos podríamos convenir en que la raza no sea galardón que nos diferencie.

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