Durante años un poster de la Chica etcétera adornó mi oficina en el CEN del PAN. Lapino logró una foto inquietante. Cada periodista o político que pasaba por la oficina no dejaba de verla aunque fuera unos segundos y preguntar ¿y ésta qué? Yo solía contestar “buena foto,¿no?”. Ellos la volvían a mirar. Ignoro qué pasaba por su cabeza pero puedo imaginar las interrogantes que les aparecían. ¿Ingenua? ¿Despreocupada? ¿Por qué se quitó el zapato? ¿Se le caerá alguna perla? ¿Por qué tiene las manos en la cara interna de los muslos? ¿Qué se ve, qué pasó? ¿Vivirá cerca? ¿Es mexicana? ¿En qué le ayudo, carajo? No sé en qué cambio se me perdió el póster, pero ahora que vuelvo a ver la foto me sigo preguntando cosas alrededor de ella. Desde qué número calzará hasta por qué no le veo la cara. Me inquieta la Chica etcétera, una mujer a la que sólo le hacen sombra las perlas que le caen del cuello.


