El cine es un medio extendido, un arte popular; conocedor de esto François Truffaut emitió una ocurrencia sarcástica vigente hasta ahora y aplicable al aficionado o cinéfilo de cualquier nacionalidad o condición social: “Los franceses tienen dos profesiones, la suya propia y la de crítico de cine”.
En ¿Qué es una buena película?, Laurent Jullier descubre seis criterios de apreciación cinematográfica: el éxito y la técnica (criterios ordinarios), la edificación y la emoción (criterios comunes), la originalidad y la coherencia (criterios distinguidos). Aunque valorar un filme después de todo es un asunto complicado, pues se parte de tres problemas: el análisis de la cinta y su evaluación por la crítica especializada, la asimilación de la intencionalidad autoral por el experto o el espectador, y la comprensión por el espectador.
La crítica especializada emite juicios del gusto en materia cinematográfica desarrollando la facultad estética de juzgar, sintetiza el autor, quien expone los juicios de calidad con los que el cinéfilo experto o principiante valora una buena película. Una buena película seduce porque es pretendidamente didáctica, brinda placer o es emocionalmente entrañable, es decir el cine es información y emoción.
Enjuiciar y valorar películas logradas o fallidas, clásicas o postmodernas es una acción de contemplación perceptivo-cognitiva, para un especialista es una profesión que requiere dosis de intuición con un código de comunicación común para que sus lectores accedan a los conceptos cinematográficos a través de operaciones mentales y linguísticas, que van de lo objetivo a lo subjetivo, para apreciar o degustar de forma metódica una película.
Laurent Jullier, ¿Qué es una buena película?, Paidós, Barcelona, 2006, 232 pp.


