Para la libertad (y la esperanza)

Es la foto del final feliz, sin la trivialidad de los finales felices, fabricados por los autores de películas y novelas rosa.

Para lngrid, desde luego, nada fue rosa en sus seis años de secuestro. l/le convence aún más esa sonrisa de triunfo de Yolanda, la madre.

Durante estos años, nada le resultó fácil a esta antigua reina de belleza. Y, sin embargo, nunca se dio reposo. Acudió a cuanto fuera necesario para movilizar posibilidades de liberación de Ingrid. Se puede decir que fue ella quien convirtió su sufrimiento en la causa de todos en el mundo e hizo de su hija un icono del sufrimiento que genera el secuestro.

Cuando veo esta foto siento palpitante y triunfante la esperanza. Ingrid se mantuvo viva en estos años de infierno porque, en los momentos peores, se aferro a una esperanza, que muchas veces le debió parecer irracional y absurda. Yolanda no cedió a la desesperación porque siempre supo queiesperar lo imposible era una forma de hacerlo posible; además, su amor materno no le permitía ceder a la desesperanza.

Uno quisiera muchas fotos así, tan verdaderas, tan llenas de vida, tan elocuentes, con un mensaje tan convincente de alegría y de esperanza.

El sueño de todo buen fotógrafo es aprisionar el alma humana en una imagen, ir más allá de las apa- riencias y entregar en cada foto un hallazgo.

Esta foto impactante dice más de lo que muestra, y transmite la alegría de un descubrimiento bueno: que la esperanza es posible, que la alegría que nace de dentro todo lo transfigura y llega a ser la raiz de lo bello.

Foto: Reuters/Carlos Durán

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