Sin lugar para los débiles



Los suplementos y secciones culturales se encuentran en peligro de extinción dentro de los diarios; hay un profundo desdén hacia ellos que los ha marginado, al grado de compartir espacios con otras secciones. Pocos son los periódicos que se han preocupado por fomentar la existencia saludable de estos espacios.

Enfrente, la situación de las revistas independientes, aquéllas que no tienen el apoyo de consorcios editoriales, se agrava por factores como la falta de visión empresarial por parte de los editores y el desprecio del gobierno anunciante con estos espacios. Ante la ausencia de una política pública que considere la publicidad gubernamental como una razón de Estado, que fortalece la democracia y fomenta la oferta plural de los medios, las revistas independientes pasan lista como una de las primeras damnificadas.

En este paquete de lectura, etcétera ofrece un vistazo a la precaria situación que viven este tipo de medios en nuestro país, y voltea a ver el ejemplo de otros contextos, como es el caso de Argentina y Honduras.

Ilustración: Lostbooks

Hace prácticamente siete años, en estas mismas páginas se daba cuenta de la existencia de siete suplementos culturales en las ediciones de fin de semana de los principales diarios de la capital: Sábado (unomásuno), La Jornada Semanal (La Jornada), Arena (Excélsior), La Crónica Dominical (La Crónica de Hoy), El ángel (Reforma), El Semanario Cultural (Novedades) y El Gallo Ilustrado (El Día).

Hoy, de aquellos siete, sólo quedan dos, La Jornada Semanal y El ángel, si se toma en cuenta que el espacio que todavía se publica bajo el nombre de Sábado, en unomásuno, que pese al esfuerzo de sus editores, no tiene ninguna trascendencia.

A ellos se suma Laberinto, de Milenio Diario, en circulación desde el 23 de junio de 2003, con lo que la cifra de suplementos culturales en diarios de circulación nacional apenas llega a tres, dato que adquiere su verdadera dimensión cuando uno recuerda que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, estos espacios proliferaron, paradójicamente, en un país que ya desde entonces se consideraba que no leía.

Todavía hace cinco meses, el nombre de Confabulario habría figurado en esta lista de no ser porque, en medio de un saneamiento financiero, El Universal decidió hacerlo desaparecer, sin la menor contemplación, el 26 de abril, luego de cuatro años y 210 números.

En la historia particular de este suplemento la más reciente defunción en el medio, vuelven a hacerse presentes los factores que históricamente han determinado el cierre de estos espacios; pero en ella también es posible identificar, por un lado, algunos de los vicios que condicionan el registro de la vida del ambiente cultural y, por otro, posibles líneas a seguir en la búsqueda de la anhelada viabilidad de estos proyectos.

Un proyecto deslumbrante…

Entre julio y octubre de 1935, Octavio Paz escribe un puñado de cartas todas destinadas a Elena Garro donde queda registro de su primer y desesperado encuentro con el amor. En ellas se halla la primera articulación de una serie de temas sobre los que Paz habría de volver una y otra vez a lo largo de su vida: el amor como comunión; la pasión como forma de conocimiento; el deseo, la soledad, la enajenación.

Con esta primicia que el sábado 24 de abril de 2004 da a conocer documentos inéditos desde hace 70 años, El Universal inaugura un nuevo suplemen-to de cultura: Confabulario, espacio destinado a ha-cer de la lectura un gozo cotidiano.

Héctor de Mauleón autor de la investigación y director del suplemento de entonces a la fecha de su última edición rememora el momento:

En 2000 (…), la pregunta era si el modelo del suplemento cultural iba a sobrevivir el siglo XX o se había ido con él. Quedaban algunos intentos, había tentativas. La de El Universal en 2004 fue impresionante, porque era un periódico que en 35 años no ha-bía tenido un suplemento; era muy notable que uno de los periódicos más influyentes, poderosos y grandes de México hubiera cerrado los ojos durante 35 años a un proyecto cultural.

Fidelidad a la tradición

Al paso de cuatro años, por más impresionante que hubiera resultado su lanzamiento, la salida de circulación de Confabulario volvería a traer a cuento el debate acerca de la sobrevivencia de los suplementos culturales, a partir según comenta De Mauleón de la que también fue otra tradición del periodismo mexicano del siglo XX:

Los patitos feos en todos los periódicos (…), la parte sacrificable, la parte que puedes cortar, que puedes ir desmenuzando, ha sido siempre el periodismo cultural (…) Las secciones culturales o están fundidas con otras secciones o están subordinadas o se borraron. Hay un periódico que ya no tiene sección de cultura, hay periódicos que les destinan una página y la cubren con un reportero o con información de agencias.

Y es que de todos es sabido que estas secciones lo que menos le dejan a los periódicos es dinero, puesto que los espacios de publicidad de las páginas culturales son los que más bajo se cotizan en los tarifarios y, además, no hay un equipo de vendedores capacitados ni interesados en comercializarlos.

Para acabar de complicar la situación añade, también cuenta la actitud del gobierno… y de la iniciativa privada:

Por más que se ha querido transparentar todo esto (…), siempre hay un periódico que se lleva toda la publicidad oficial cultural, que está saturado, y ves el resto de los periódicos que reciben, si acaso, tal vez, una cartelera a la quincena (…) La publicidad se tendría que dar pareja, según el tiraje de los periódicos.

También está la idea, sobre todo en las editoriales, de que no tienen por qué gastar en publicidad, puesto que tú les haces la chamba gratis: vas, entrevistas a su autor recién lanzado, haces toda una campaña que sale el mismo día en todos los periódicos y no gastan un peso, si acaso el café que invitan en la rueda de prensa.

Pero no todo es dinero

Al margen de los aspectos financieros, hay otros que igualmente afectan la vida de los suplementos culturales: son aquellos que tienen que ver con el ejercicio periodístico respecto de las actividades del medio.

Como ex editor de Confabulario y de la sección cultural de La Crónica de Hoy y del suplemento Posdata, de El Independiente, Héctor de Mauleón algo sabe de esta situación:

Hoy, en prácticamente ninguna zona del periodismo cultural mexicano encuentras investigación. La agenda te la dicta el Estado: hoy es en Bellas Artes una presentación tal, hoy es el homenaje tal. O te la dictan las galerías o las empresas particulares (…) Y entonces se acaba la posibilidad de hacer un periodismo cultural vivo.

(También) ha desaparecido por completo el ejercicio de la crítica: no se critica a las autoridades, a las instituciones, a la cultura, al ejercicio cultural; la crítica literaria está en punto menos que cero, la crítica de teatro no existe; no se debate, no se discute.

Yo lo vi en el suplemento: encontré la renuencia de muchos colaboradores a tocar temas porque les podía perjudicar en sus becas, en sus chambas, en sus componendas. Eso está muy presente en la vida cultural mexicana, nadie se atreve a denunciarlo, a comentarlo, porque te vas a cerrar puertas, porque nadie va a comentar tu libro o porque te van a pegar la siguiente vez que abras la boca.

De los tres que me quedaban…

En 20 años de periodista cultural, Héctor de Mauleón no recuerda un momento más oscuro que el actual en el que, en su opinión, de los tres suplementos culturales que quedan uno (El ángel) es más bien una sección cultural; otro (La Jornada Semanal) se ha fosilizado y se mueve en su propia inercia, y, si me preguntas, creo que, en el modelo clásico del suplemento, queda uno (Laberinto).

A decir de José Luis Martínez S., editor de Laberinto, son ya tan pocos suplementos que no alcanzan a atender la demanda:

Esto es como el futbol: si tú estás entrenando para una gran competencia y no tienes buenos adversarios en tus partidos de preparación, tampoco vas a tener un buen desempeño cuando llegue la gran competencia. En México ya no hay una liga competitiva, porque somos tres (…) Extraño mucho la competencia, en particular, de Confabulario; me gustaba mucho confrontar su oferta con la que nosotros teníamos (…)

Tanto Héctor (de Mauleón) como yo somos periodistas y le dábamos yo trato de darle todavía mucho énfasis a la cuestión periodística (…) Héctor y su equipo ejercían una oferta en la que no estaban fuera, por supuesto, la imaginación y la reflexión, pero donde también estaban presentes los géneros periodísticos y la oportunidad que exige, que reclama el periodismo.

Peleando a la contra

Si, como ha denunciado José Emilio Pacheco, las páginas culturales en los periódicos se reducen día a día hasta convertirse en un anexo inferior de las secciones de espectáculos, ¿vale la pena perseverar en la defensa de estos suplementos, en aras de la democratización de la cultura?

Héctor de Mauleón no responde si vale la pena o no, pero de lo que se dice seguro es de que no se puede renunciar, porque sería un error gravísimo:

Lo que queda es abrir y aprovechar los mínimos espacios que quedan para, desde ahí, comenzar otra vez con la reconstrucción de todo un modo de entender el periodismo (…) Para empezar, (los suplementos culturales) tendrían que volverse plurales, dejar de ser el círculo de amigos que escribe cada semana columnas que se agotaron hace años, que se volvieron modos de vida.

Luego, no debería perderse el contacto con la realidad: la gente debería entender la cultura como algo que te marca, que te influye todos los días: en tu modo de hablar, de vestir, de pensar; desde que abres los ojos en la mañana hasta que los cierras en la noche, incluso con los ojos cerrados, cuando sueñas.

Ilustración: NightDragonFly

(Los suplementos culturales) tendrían que hacer un esfuerzo por darle (a la cultura) un enfoque más periodístico, de actualidad (…), desde luego, sin olvidar la memoria, la reactualización de la tradición y siempre con la misión secreta de volver a abrir esas ventanas para los lectores que probablemente nunca las han visto abiertas.

Lo mismo que en su momento hicieron el propio José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis o Elena Poniatowska en las páginas del suplemento La cultura en México, de la revista Siempre!, José Luis Martínez S. confía en que las nuevas generaciones asumirán el compromiso y se encargarán de mantenerse en el esfuerzo:

Los suplementos culturales siguen apostándole a la gente con talento para escribir, para exponer sus ideas, a la gente que en sí misma tiene ya un prestigio, pero también a la gente que comienza y que necesita espacios de expresión (…) Estos espacios son necesarios en la formación de lectores, en la formación de autores, en la difusión de ideas.

Las personas que colaboran ahora, en el caso concreto de Laberinto, que andan alrededor de los 20 años, pues el tiempo las pondrá en su lugar, pero en algún sitio tienen que comenzar. Y qué bueno, a mí me congratula que sea con nosotros.

Se fue, pero no del todo

Después de cuatro años y 210 números, el 26 de abril, Héctor de Mauleón escribe en su texto a manera de despedida que Confabulario se va, pero de algún modo se queda. Y es que, para él, dicho suplemento ya forma parte de la historia del periodismo cultural mexicano que, durante el corto tiempo de vida se volvió una referencia:

En un momento en el que estaban cayendo como fichas de dominó todos los suplementos, con un director que nos dio un apoyo irrestricto para sacar adelante el proyecto, que quitó las censuras, el éste aquí no publica, el aquí éste es mal visto, que nos dejó en absoluta libertad de proponer, de inmediato se fue sintiendo (…) cómo el medio cultural comenzó, de algún modo, a comunicarse a partir de lo que estaba pasando en Confabulario

De la plana a la pantalla

Con el apoyo de El Universal y en asociación con Proyecto 40, Confabulario pasó de la página impresa a la televisión.

En los dos años que el programa se mantuvo al aire, Héctor de Mauleón confirmó que, en medio de ese público de la televisión tan despreciado por los intelectuales, efectivamente hay quien quiere otro tipo de opciones:

Se iba viendo en el rating, un rating que se fue haciendo constante, que alanzó un nivel que ya no tenía caídas estrepitosas y que estaba entre los mejores del canal (…) Llegamos a tener un millón de espectadores en fin de semana, porque teníamos el programa (en horario estelar) y su repetición (…), lo cual, para un programa de televisión cultural es demasiado, muchísimo.

Hoy, junto a Fernanda Solórzano y su equipo de trabajo, Héctor de Mauleón está de regreso en la televisión con El foco, uno de los estrenos de temporada en Proyecto 40:

El reto será, ya que más o menos lo tenemos afinado, ver cómo podemos reconquistarlo (al público de Confabulario TV) porque, después de cinco meses, todo se olvida. La tele es de altibajos, voluble. Dependerá del apoyo que nos vaya a dar el canal, de la voluntad de los que lo realizamos y de las capacidades profesionales o no de quienes colaboren con nosotros.

El foco, con Héctor de Mauleón y Fernanda Solórzano, todos los viernes, a las 11 de la noche, por Proyecto 40.

Fernando Benítez y los suplementos culturales en México

La historia de los suplementos culturales en México está íntimamente ligada a la vida del escritor Fernando Benítez.

Luego de una primera experiencia al frente de un proyecto en las páginas de El Nacional, en 1949, Benítez echa a andar en Novedades el que sería uno de los más importantes suplementos en la historia de América Latina y, sin duda, el modelo a seguir en el periodismo cultural mexicano: México en la Cultura.

En las páginas de este suplemento se dan cita, entre otros, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Pellicer, Luis Cardoza y Aragón, Max Aub, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Juan García Ponce, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos y Vicente Rojo.

Doce años después, una confrontación con Mario Beteta, director de Novedades, orilla a Benítez a renunciar al periódico. En solidaridad, junto con él salen sus colaboradores, al lado de quienes fundaría La cultura en México en las páginas de la revista Siempre!, dirigida por José Pagés Llergo.

En 1977, luego de casi un par de décadas dedicado, entre otras labores, a la escritura de Los indios de México, Fernando Benítez vuelve a hacerse cargo de un nuevo proyecto de esta naturaleza: el suplemento Sábado, del periódico unomásuno de Manuel Becerra Acosta.

Al cabo de una década, Benítez renuncia a esta empresa y, dos años después, en 1989, encabeza al equipo que pone en circulación La Jornada Semanal, en el periódico dirigido en ese entonces por Carlos Payán.

En mayor o menor medida, los suplementos culturales que todavía circulan en México se reconocen herederos de esta tradición.

etcétera (con información de http://www.literaturainba.com/escritores/escritores_more.php?id=5740_0_15_0_M)

Fundidas, subordinadas, borradas

No es novedad señalar que los periódicos cada vez dedican menos espacio a las secciones culturales. Lo que llama la atención es que sea en algunos de los diarios en formato estándar esos que, precisamente, dispo-nen de más espacio donde esta tendencia se haya consolidado de manera tan evidente.

Tal es el caso de El Universal, que en el marco de su rediseño editorial, desde mediados de junio dedica cuatro planas entre contenido editorial y publicidad a la información cultural, en una sección que lleva por nombre Sociedad, cultura y tecnología.

Otro ejemplo es el de Excélsior, donde la información de esta naturaleza se despliega en dos planas de la sección Comunidad, destinada mayormente a notas relacionadas con el Distrito Federal y área metropolitana. Eso sí: en esa misma sección se dedica una plana completa a los horóscopos, el crucigrama, el sudoku, el kakuro y, no podían faltar, las preguntas razonables a las que da respuesta Alfredo La Mont.

En Diario Monitor, de las ocho planas que conforman la sección Revista, tres suelen ser para notas relacionadas con la cultura, de las cuales, la programación de televisión abierta y la cartelera de teatro ocupan… ¡casi dos!

Contrario a lo que sucede en los periódicos en formato estándar, en los tabloides, las secciones culturales ejercen una resistencia más digna y de mejor calidad: en La Jornada de enmedio, la información cultural se despliega en por lo menos cinco planas al día; en Milenio Diario, la sección Cultura dispone de cuatro planas; en El Financiero, el apartado Cultural maneja tres.

Capitaneados por Pablo Espinosa, Ariel González y Víctor Roura, respectivamente, estos tres espacios se mantienen al tanto de la agenda del día, sin por ello dejar de trabajar notas propias.

Una inteligente administración del espacio disponible les permite trabajar notas, crónicas, entrevistas y columnas que mantienen a sus lectores informados, al tiempo que ofrecen elementos para desarrollar un criterio más amplio en torno a los temas tratados.

Pero así como los casos de estos tabloides resultan admirables, por el contrario, el de La Crónica de Hoy es por demás lamentable: con dos planas por día, la sección Cultura sólo se publica en sus ediciones de sábado y domingo.

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