Era un evento de campaña más, un acto casi rutinario. La probabilidad de que algo saliera mal en el acto de Peña Nieto en la Ibero, justo el viernes de la última semana de clases, era en realidad muy baja. Ahora todos sabemos que no fue así y mucho se ha hablado desde entonces de ese acto y su papel como detonante de una mayor participación de los jóvenes en la elección. No obstante, hay otro efecto menos comentado pero igual de importante, la fallida visita y la cobertura que de la misma hicieron diversos medios, colocó en el centro de atención el debate sobre el papel del periodismo.
Porque como habíamos advertido justo en la entrega anterior de etcétera, existe una nostalgia y un evidente deseo en algunos medios de que regrese el PRI a Los Pinos. Y el tratamiento a la estancia de Peña fue el ejemplo más claro. Los titulares de los diarios de la OEM -” Triunfa Peña en la Ibero pese a boicot ” y “Toma Peña al toro por los cuer nos”- despertaron la indignación de los que asistieron al encuentro pero también de todos los que se enteraron vía las redes sociales y algunos medios tradicionales.
El papel de los medios fue puesto sobre la mesa, en algunos casos por el poco espacio que le dieron al tema, otros – como Televisión Azteca – incluso lo borraron de la agenda, nunca existió. El fenómeno pasa todos los días, unas veces por criterios periodísticos que consideran que un hecho no vale la pena o no va con su perfil, otras por razones extraperiodísticas como las agendas políticas o económicas. No obstante, cuando el hecho (mal) retratado es tan noticioso y público, la manipulación resulta como darse un tiro en el pie.
El caso es interesante no sólo porque ha revivido en nuevas generaciones algunas viejas consignas como los reclamos a Televisa sino que ha demostrado la poca comprensión que algunos periodistas tienen del nuevo ecosistema de la información que tiene características muy distintas a las que había hace 12 años o más. El fenómeno de los celulares con cámara y conectados a la red, por ejemplo, ha hecho de cada usuario un “periodista” -así sea por un momento- con la capacidad de tener y compartir su versión de la historia en una foto, video, tuit o posteo en un muro de Facebook. Hoy hay más usuarios de las redes sociales que lectores de periódicos.
La comunicación es en tiempo real y cuando un tema es digno de conversación se difunde por el empuje que le da cada usuario. Son conceptos con los que ya vivimos de manera cotidiana pero que no han sido comprendidos por un grupo de personas -políticos, periodistas y algunos dueños de medios- que creen que siguen con el cuasi monopolio del acceso a la agenda pública.
Si bien los medios siguen gozando de una posición privilegiada a la hora de establecer los temas de las conversaciones, en los hechos han sido rebasados por los otros dos actores entre los que pretendía mediar. Por un lado, las fuentes que ahora tienen la capacidad de hablarle directamente al público sin pasar por los canales tradicionales, por el otro, las audiencias que ahora son autogeneradoras de contenido. De tal suerte que pretender definir la realidad con sesgos tan evidentes resulta un sinsentido. Las plataformas digitales son relevantes no sólo por la cantidad de personas que participan en ellas sino por los cambios en las estructuras de poder que provocan.
Es decir, que los alcances van mucho más allá de Twitter y Facebook pues se extienden por el hecho de que cada usuario lleva fuera de la red, a las pláticas del mundo físico en las oficinas, escuelas, comidas con amigos o familiares, los mensajes que considera relevantes.
¿Cuánto tiempo más esperan sobrevivir los medios que distorsionan la realidad de forma descarada para complacer a otros que no son sus audiencias?, ¿cuánto más esperarán los anunciantes de esos medios para reconocer la ausencia de credibilidad?, ¿tardarán mucho los políticos en darse cuenta que esas coberturas más que ayudarlos los perjudican? Ni aún los más optimistas podríamos pensar que estos efectos serán inmediatos. No obstante esta campaña está demostrando que el consumo crítico de medios tiene grandes aliados en la tecnología y la ampliación del debate ciudadano. Veremos si algunos toman nota y rectifican antes de que tengan que poner el anuncio de “remate”.


