
Una ciudad
Desando calles conocidas para reencontrar las partes de mi que había extraviado un siglo antes de la partida y es entre las luminarias que la escucho hablarme, de entre sus entrañas habitadas por interminables parásitos anaranjados, me habla de amores cobardes y botellas sin terminar; me grita que hay cabellos que nunca volveré a ver, que aquí ya no








