sábado 15 junio 2024

Recomendamos: Cuando México pudo tener un régimen parlamentario, por Pascal Beltrán del Río

por etcétera

La XXIX Legislatura de la Cámara de Diputados (1920-1922) tuvo quizá la mayor colección de oradores sobresalientes en la historia legislativa del país. Varios fueron parte del Constituyente de Querétaro, como el oaxaqueño Manuel García Vigil, el sonorense Juan de Dios Bojórquez, el yucateco Miguel Alonzo Romero, el campechano José Zurbarán Campany y el tabasqueño Rafael Martínez de Escobar. Tuvo otros más, que no estuvieron en el Constituyente, como el queretano José Siurob Ramírez, el veracruzano Manlio Fabio Altamirano, el jalisciense Basilio Vadillo, el poblano Luis Sánchez Pontón, el potosino Aurelio Manrique y el duranguense Ignacio Borrego. La Legislatura era dominada por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), formado por Álvaro Obregón, Benjamín Hill y otros revolucionarios para impulsar la candidatura de Venustiano Carranza en las presidenciales de marzo de 1917, las primeras que se realizaron después de la promulgación de la Constitución.

Por su cercanía con Obregón, el PLC fue marginado del gabinete de Carranza y combatido por los seguidores de éste. Al acercarese la elección de 1920, el PLC se opuso a Ignacio Bonillas, delfín del presidente, y apoyó a Obregón.

Con esa jugada, el partido se hizo de la mayoría en la Cámara de Diputados, donde tenía 90 de los 173 escaños. Dicha fortaleza legislativa no tardó en provocar la desconfianza de Obregón. La relación entre el nuevo presidente y su partido se tensó al máximo durante el primer año de su gobierno. El 28 de noviembre de 1921, el diputado duranguense Ignacio Borrego –canciller en 1915– presentó una iniciativa de reforma constitucional para crear en México un régimen parlamentario, en la que el presidente compartiría el poder con un primer ministro. La iniciativa fue apoyada por toda la bancada pelecista. Viendo amenazado su mando, el 7 de diciembre de 1921 –un día como hoy, hace un siglo–, Obregón convocó a Palacio Nacional a Rafael Martínez de Escobar, quien había asumido la presidencia del PLC a la muerte de Benjamín Hill. Lo que habrá dicho el sonorense al tabasqueño es motivo de especulación, pero lo que sucedió después es que la iniciativa se quedó en la congeladora. En las elecciones de 1922 –en aquel tiempo las legislaturas duraban dos años–,

Obregón cambió de aliados y se apoyó en una coalición de los partidos Laborista Mexicano, de Luis N. Morones, y el Nacional Cooperativista, de Jacinto B. Treviño. El PLC perdió su mayoría y se disolvería dos años después. Así acabó la idea de un régimen parlamentario en México, iniciativa de los políticos más brillantes de su tiempo. Como Martínez de Escobar, quien perdería la vida en la matanza de Huitzilac, junto al general Francisco R. Serrano, cuando éste osó disputar a Obregón la candidatura presidencial de 1928.

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