miércoles 24 abril 2024

A Claudia Sheinbaum: el CEU jamás hubiera apoyado la militarización del país

por Articulista invitado

El 31 de octubre pasado, Día de las Brujas en el folklore popular, se cumplieron 36 años del nacimiento de uno de los movimientos estudiantiles más importantes de la UNAM: el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) surgió como respuesta contra las medidas neoliberales de la llamada “reforma Carpizo”, que el entonces rector presentó el 11 y 12 de septiembre de 1986.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces. El CEU fue un movimiento estudiantil exitoso: juntos frenamos las reformas que pretendían eliminar el pase automático del bachillerato universitario al nivel licenciatura, detuvimos el cobro de cuotas en la inscripción para mantener el carácter público y gratuito de la universidad nacional, y propusimos la realización del Congreso General Universitario con la participación de estudiantes, trabajadores, académicos e investigadores. El momento dorado del CEU abarcó de 1986 a 1991.

Entonces participamos en la coyuntura nacional: mostramos solidaridad y apoyo a movimientos nacionales e internacionales desde la izquierda, la democracia y la pluralidad. El CEU no fue homogéneo, como muchas personas ajenas a él podrían pensar, porque había grandes diferencias, incluso socioeconómicas e ideológicas, entre sus integrantes. Nunca fue un movimiento vertical y, además, se conformó un grupo académico con la idea de llegar con muchas propuestas al Congreso: la Corriente de la Reforma Universitaria.

Lo más interesante del CEU fue que forjó liderazgos locales en cada prepa, CCH, facultad, en las unidades descentralizadas de CU, en Posgrado. Miles de jóvenes se organizaron de manera autónoma en su escuela, entre quienes había algunos que ya tenían alguna experiencia de militancia en los partidos pequeños de izquierda como el PRT, el PSUM y el PRS, agrupaciones sociales sin registro partidario como OIR y MRP, organizaciones vecinales de vivienda e incluso integrantes del PRI y del PAN. Muchos otros no teníamos ninguna experiencia político-social a los 16 años y cuando cursábamos el primer año de bachillerato. Esa es una de las razones por las que nadie puede reclamar ser dueño o propietaria del CEU. Hacerlo es un acto gandalla y mezquino. Te equivocas, Claudia, te equivocas.

Treinta y seis años después hemos visto que los cuadros políticos formados en ese gran movimiento siguieron diferentes caminos: la participación político-electoral, la militancia en la sociedad civil y la aportación como profesionistas destacados en diversas áreas del saber. Asimismo, hubo casos de quienes no terminaron carrera, aunque se titularon por favores políticos o económicos.

También se debe recordar que Sheinbaum sabía del modus operandi del financiamiento de actividades políticas a través de sobres amarillos y ligas. La congruencia es algo difícil de mantener para quienes buscan vivir permanentemente del erario.

En el México de 2022, después de que ganó la Presidencia de la República un partido que dice ser de izquierda y arribó un gobierno que se ha nutrido de lo peor del resto de los partidos (como ejemplo baste citar el caso de Manuel Bartlett Díaz, operador del fraude electoral de 1988 contra el Frente Democrático Nacional y Cuauhtémoc Cárdenas), podemos darnos una idea de que mucho ha cambiado en los principios y la actuación de personajes que emergieron en el movimiento del CEU.

En la actualidad podemos medir el grado de congruencia de funcionarios que reclaman sus orígenes de activismo social en el CEU a partir de sus dichos y acciones concretas, aunque hayan traicionado los postulados del movimiento estudiantil.

Como funcionaria, Sheinbaum se ha agachado frente a su jefe, una postura política y hasta corporal que nunca sería avalada en el CEU. Ejemplos: cuando fue secretaria de Medio Ambiente en el Gobierno del Distrito Federal (2000-2006) priorizó la política privatizadora y contaminante en el transporte y benefició al automovilista en lugar del servicio colectivo. Los segundos pisos y el Metrobús representaron jugosas cantidades de dinero que se manejaron y aplicaron (¿desviaron?), información que sigue siendo secreta, lo que impide a los ciudadanos de la capital del país tener las cifras de cuánto y cómo se gastó. La oposición habla de un desvío de 2 mil millones de pesos. ¿Será por eso que es la “corcholata” favorita?

Como delegada en Tlalpan, pesa sobre sus hombros la muerte de 19 niños y siete adultos en el Colegio Enrique Rébsamen por el sismo del 19 de septiembre de 2017, fallecimientos que se pudieron evitar, pero ¡qué fácil es autorizar construcciones sin hacer los estudios de impacto y los peritajes pertinentes! ¡Qué sencillo es autorizar construcciones a cambio de sobres amarillos! ¿O sólo fue desconocimiento?

Como jefa de Gobierno, su política ha sido constante en contra del Sistema de Transporte Colectivo Metro al recortar recursos para su mantenimiento oportuno, lo que causó, junto con las “brillantes” decisiones de su predecesor que construyó la obra, el colapso de la Línea 12, lo que provocó el fallecimiento de 26 personas y lesiones en un centenar, habitantes de una zona de la capital del país donde campean la pobreza y la marginalidad acentuadas. Ella dice que fue falla estructural, mientras que aquél dice que fue falta de mantenimiento; los dos tienen razón, y ninguno debería ser candidato a cualquier cargo público.

Un tema muy sensible es la militarización del país propuesta por el presidente de la República. El movimiento estudiantil vivió la represión y el atropello a la autonomía universitaria, las matanzas de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y, después, la del 10 de junio de 1971, perpetradas por un gobierno represor que utilizó indebidamente al Ejército mexicano, lo que marcó una época en la que la sociedad civil tuvo miedo a manifestarse por una posible represión.

El CEU rompió ese tabú y nos manifestamos libremente. Hoy, 36 años después, la jefa de Gobierno aplaude y avala la militarización del país para involucrar a las fuerzas armadas en tareas que no le corresponden de acuerdo con la Constitución. El CEU jamás estaría de acuerdo con tener al Ejército en las calles ante la incapacidad del gobierno federal para combatir la delincuencia y frenar la violencia.

Otro ejemplo muy claro es la criminal e irresponsable actuación del ceuísta Hugo López-Gatell como subsecretario de Salud en el manejo que le dio a la pandemia desde el gobierno federal, línea que fue seguida en la Ciudad de México. El sistema de salud pública de la capital destinado a los más pobres se encuentra peor que nunca, y Sheinbaum ha realizado recortes presupuestales, por lo que el desabasto de medicamentos y la falta de personal son problemas de todos los días.

El personal de salud no ha mejorado sus condiciones laborales y salariales; médicos y enfermeras hacen lo que pueden ante la falta de insumos y hasta son considerados héroes, pero son tratados como indeseables, con puestos eventuales y carencia de plazas definitivas. En contraparte, médicos cubanos han sido contratados con sueldos exorbitantes para hacerle un favor al gobierno de Cuba. La pre-pre-precandidata de Morena está más interesada en los eventos anticipados e ilegales de campaña.

También debemos preguntar: ¿por qué el Gobierno de la Ciudad de México distribuyó ivermectina, un desparasitante de uso veterinario y humano, a miles de pacientes de Covid-19 para su tratamiento sin su consentimiento y con la premisa de que ese producto había disminuido los ingresos a hospitales y la gravedad del virus? Estudios científicos y la propia Organización Mundial de la Salud han afirmado que no sirve para la atención de la enfermedad causada por el Sars-Cov-2.

Además, el gasto público en salud en México dista mucho de los niveles ejercidos en Dinamarca.

En el terreno de la educación pública la jefa de Gobierno se ha sumado a la política clientelar-electoral de asignar “becas” diminutas para comprar votos. Lejos quedaron los días del Congreso Universitario, cuando el CEU y ella misma reclamamos el 8 por ciento del producto interno bruto para la educación y, dentro de ese porcentaje, el 2.5 por ciento para la ciencia, la investigación y la tecnología. Las becas del Gobierno de la Ciudad de México dispersan recursos y no abonan en la independencia tecnológica de México. Dicen que gobierna la izquierda y que murió el neoliberalismo, pero sólo vemos políticas de recorte presupuestal y reparto de recursos al estilo del populismo de derecha.

Por todo lo anterior, categóricamente manifestamos nuestro rechazo contra el deseo de manipular indebidamente un movimiento estudiantil universitario exitoso para darle respaldo político a una compañera que no ha sabido conducirse bajo los principios que le dieron vida al CEU. En ese sentido, reivindicamos la pluralidad de todos los que lo integramos.

Exigimos que se dejen de usar recursos públicos de la Ciudad de México para fines electorales y de partido. Es menester recordar que luchamos contra la corrupción del partido de Estado, el PRI, por lo que hoy la realidad nos obliga a pronunciarnos contra la corrupción de Morena.

Nos hubiese encantado que la jefa de Gobierno acompañara y contribuyera, en los hechos y no con dichos, a mejorar la vida de los habitantes de la Ciudad de México. Como profesionistas formados en el movimiento estudiantil llamamos al gobierno federal y a sus subordinados a reconsiderar las políticas públicas que hasta la fecha han demostrado su fracaso.

En el ámbito económico, en plena inflación y falta de recuperación económica por las erráticas decisiones del gobierno y los estragos de la pandemia, rechazamos los megaproyectos presidenciales por ser ecocidas, caros e ineficientes, como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, que sólo representan gastos excesivos para el erario, son altamente contaminantes y sin un beneficio real para la sociedad. Los recursos públicos se deben invertir en tecnologías limpias y renovables que permitan a nuestro país cuidar los recursos naturales para los mexicanos del presente y para las siguientes generaciones.

En un gobierno de izquierda la educación debe ser prioridad; sin embargo, en 2022 la inversión en educación en general es del 3.1 por ciento del producto interno bruto, el nivel más bajo en la última década; para la educación superior la inversión promedio en lo que va del sexenio es de 0.5 por ciento, mientras que en ciencia y tecnología es menor al 0.7 por ciento, según el Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación.

Por lo anterior, exigimos un aumento al presupuesto de educación en 8 por ciento del PIB, en especial un incremento a la educación superior, la ciencia y la tecnología, así como para los salarios de profesores, investigadores y trabajadores.

Estamos cansados de escuchar que México tendrá un sistema de salud como el de Dinamarca, lo que es una burla a la inteligencia de los mexicanos. Es urgente dedicar más recursos a la salud, además de que nos solidarizamos con los enfermos de padecimientos graves y crónicos que no tienen los medicamentos ni los tratamientos que necesitan.

Nos pronunciamos a favor del Instituto Nacional Electoral y de la democracia en México; no queremos que regresen las épocas oscuras de cuando la Secretaría de Gobernación era juez y parte de la contienda electoral. A nuestra generación le costó sangre, sudor y lucha sacar al partido de Estado del poder y no lo queremos sustituir por otro similar, llámese como se llame. La representación plurinominal tiene una razón de ser: darle voz y voto a las minorías; por ello, para garantizar la pluralidad, las diputaciones y senadurías plurinominales debe mantenerse en el Congreso.

Llamamos a todos los compañeros y compañeras que integraron el CEU a trabajar para construir un mejor país, a ser congruentes con los postulados del movimiento estudiantil contra el autoritarismo y la militarización, contra la verticalidad y la imposición, y a favor de la pluralidad, de la democracia y sus instituciones, así como para elevar la calidad de vida de los mexicanos, por un país con una economía sustentable y con futuro.

Julián Andrade Jardí

Guillermo Argandoña

Fernando Belaunzarán

Carlos Estrada

Miroslava García

Marco Levario Turcott

David Navarro

Gabriel Pérez

Carlos Reyes

Alberto Rocha

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