jueves 13 junio 2024

El ciudadano Trump

por María Cristina Rosas

En fechas recientes la figura de Donald Trump ha acaparado la atención mediática ante algunas de las investigaciones de que es objeto por parte de diversas entidades federales y estatales de la Unión Americana. En particular, dos de ellas llaman profundamente la atención: el cateo a cargo de la Oficina Federal de Investigación (FBI) del Departamento de Justicia, de la mansión de Mar-a-Lago del susodicho en Florida, de donde extrajo documentos en el marco de una investigación de la que se conocen pocos detalles, pero que, aparentemente, toca los linderos de la seguridad nacional. Además de ello, se tiene el proceso civil que se le sigue en Nueva York a la Trump Organisation por presuntamente haber engañado a bancos y autoridades fiscales sobre el valor de sus propiedades a fin de conseguir préstamos y otros beneficios, esto mientras Trump era Presidente.

A lo anterior se pueden sumar otros hechos que quizá no gozan de los mismos reflectores, pero que no son menos importantes. En primer lugar, está la controversia generada en el estado de Georgia, donde, como se recordará, la votación fue muy cerrada entre Trump y Biden en el marco de los comicios presidenciales del año 2000. Los 16 votos del Colegio Electoral que tiene Georgia, fueron finalmente adjudicados a Biden. Se sabe que Trump llamó al Secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger para presionarlo y pedirle que “encontrara” los votos necesarios para ganar sobre su rival Joe Biden en dicha entidad. Actualmente las autoridades georgianas contemplan la posibilidad de llamar a Trump a declarar en lo que sería el inicio de un proceso penal en su contra.

El otro hecho sumamente controvertido es la toma del Capitolio por parte de seguidores de Trump el 6 de enero de 2021, como parte de las acciones emprendidas por el controvertido personaje para desconocer los resultados electorales de noviembre de 2020 que, al no favorecerlo, claramente lo enfurecieron. Trump, un personaje poco institucional, arengó a las masas que lo apoyan y ello ha dado pie a que tanto el Departamento de Justicia como el propio Congreso estadunidenses desarrollen sendas investigaciones para determinar hasta dónde Trump es responsable de lo sucedido y, en su caso, aplicar las penalizaciones correspondientes.

No se deben olvidar tampoco otros hechos ampliamente referidos. El primero es la intervención del gobierno ruso en los comicios presidenciales tanto de 2016 como de 2020 para favorecer a Trump. El otro es aquella conversación telefónica entre Trump y su homólogo ucraniano en el año 2020 previo a las elecciones presidenciales en la Unión Americana donde el primero solicitó a Volodymyr Zelenski que le proporcionara información sobre las actividades de Hunter Biden en Ucrania, hijo del que era entonces pre-candidato demócrata, que pudiera incriminar o usarse contra Joe Biden. Es sabido que Hunter es un dolor de cabeza para la familia Biden y que arrastra una historia de prostitución, drogas y otros excesos en Ucrania, pero además mantenía negocios con la primera gasera del país eslavo. A ello se suma que, en 2015, Joe Biden -según Trump-, en ese entonces Vicepresidente de EEUU, presionó al gobierno de Ucrania para que cesaran las investigaciones sobre Hunter y sus negocios turbios en aquel país. Cierto o no lo que señala Trump sobre Hunter Biden, el hecho es que su llamada telefónica con Zelensky para conspirar contra el candidato demócrata Joe Biden es ilegal y la lideresa de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, emprendió una agresiva cruzada para que a Trump se le destituyera mediante el juicio llamado impeachment.

En la historia de Estados Unidos sólo Richard Nixon dejó la Casa Blanca ante la amenaza de impeachment, si bien la destitución ha figurado en la agenda política del país en dos ocasiones: en el caso de Andrew Jackson en 1868 y en el de William Clinton entre 1998-1999, si bien ambos mandatarios fueron absueltos.

El caso de Trump, por supuesto, es peculiar dado que refleja la crisis de las instituciones y de la democracia liberal en Estados Unidos y el mundo. Washington siempre ha afirmado que su democracia es el modelo a seguir y ha vendido esa narrativa por largo tiempo. Con todo, es difícil imaginar que en las condiciones actuales Estados Unidos tenga el sistema político perfecto cuando a la polarización social se suma el repudio a las instituciones, no sólo por amplios sectores de la población sino, Incluso, por el propio Donald Trump, quien fuera Presidente del vecino país del norte.

Si bien algunos comparan al controvertido empresario con Nixon, la realidad es que son personajes muy distintos y enfrentaron circunstancias diferentes. El contexto en el que Richard Nixon hubo de renunciar a la presidencia se enmarca en la guerra de Vietnam, de la que se sabe, en parte gracias al trabajo de Daniel Ellsberg -comandante de los marines y ex funcionario del Pentágono que tuvo acceso a documentos sobre Vietnam que dejaban claro que Estados Unidos no podría vencer en dicha contienda- que el Presidente le mintió al Congreso y a la opinión pública. Pero eso no fue lo más grave. El escándalo de Watergate, que fue el que determinó la suerte del defenestrado personaje ocurrió como resultado de la misión que el propio Nixon encomendó a miembros de su servicio secreto para colocar micrófonos y espiar a rivales del Partido Demócrata en el contexto de los comicios de 1972. Los “fontaneros”, quienes fueron arrestados al intentar incursionar en la sede del Partido Demócrata en Washington D. C., destaparon un escándalo político, ampliamente documentado por algunos importantes medios de comunicación y que sellaron la suerte de Nixon quien renunció al cargo el 9 de agosto de 1974, siendo sustituido por Gerald Ford.

A 48 años de distancia, cabe preguntar si los presidentes de Estados Unidos mienten mientras están en funciones. Evidente y lamentablemente así es. El escándalo de Wikileaks, por ejemplo, ilustra las mentiras de las autoridades estadunidenses sobre otros países y sus líderes -y en el caso de México, lo que Wikileaks reveló acerca de las visiones de las autoridades de EEUU sobre el mandatario mexicano Felipe Calderón generó una terrible crisis política que terminó con la salida del embajador de esa nación en México. Y esto conste que esto ocurrió durante la administración de Barack Obama, a quien se consideraba como un Presidente “honesto.”

Se podría argumentar entonces que, si bien es cierto que todos los mandatarios estadunidenses mienten, hay mentiras “piadosas” -bueno, más o menos- y otras que son insostenibles. Por ejemplo, William Clinton mintió sobre su relación impropia con Mónica Lewinsky y terminó disculpándose ante la sociedad estadunidense para evitar su destitución. Que el Presidente mienta, entonces, es considerado grave, sin importar con motivo de qué situación o en qué contexto lo hizo. Sólo que en el caso de Donald Trump se han roto todos los esquemas conocidos a la hora de mentir. Lo de Trump no es sólo lo que le pidió a Zelensky vía telefónica. La avalancha de mentiras y la conducta por demás oprobiosa de este personaje, va más allá de lo que el país que vende a su democracia como la mejor del mundo, puede asimilar.

Se puede argumentar que hoy Estados Unidos es muy distinto del de los tiempos de Nixon. Para empezar, muchas de las acusaciones por las que Nixon enfrentó el impeachment, hoy en pleno siglo XXI, no serían un delito, toda vez que tras el 11 de septiembre de 2001 se creó el Acta patriota mediante la que las autoridades pueden reservarse información por razones de seguridad nacional. Si Nixon hubiera sido Presidente en el presente siglo nadie habría podido juzgarlo. Por lo tanto, la justicia es dinámica y cambiante.

President Nixon gives his famous “V” sign as he departs the White House for the last time

Pero lo de Trump es diferente. En este caso no es sólo un presunto ilícito en el que está involucrado, sino varios con distintos grados de gravedad, tanto para la seguridad pública como para la seguridad nacional estadunidenses. Sin embargo, en su caso el impeachment no procedió debido a la negativa del Senado a llevarlo a cabo. Y por otro lado, actualmente, Trump está aprovechando todas estas querellas para presentarse ante sus huestes como víctima de una persecución política. Y es que, independientemente del desenlace de las investigaciones que se le siguen, Trump sigue estando en la jugada y ha dado muestras de que políticamente está más vivo que nunca frente a un Joe Biden debilitado y crecientemente impopular. Además, como dicen por ahí, lo importante no es que hablen bien de ti, sino que hablen. Y hoy por hoy de Trump se habla y mucho.

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