miércoles 12 junio 2024

La “conspiración masónica” y el grito de Independencia

por Fernando Dworak

The fundamentalist is likely to be at the forefront of this search [o fan enemy]; but he still scans the horizon for a truly global conspiracy.

Damian Thompson

El tercer método para habérselas con los dilemas morales a gran escala es pergreñar teorías conspiratorias. ¿Cómo funciona la economía global, y es buena o mala? Eso es demasiado complicado para entenderlo. Es mucho más fácil imaginar que hay veinte multimillonarios que mueven los hilos detrás del escenario, que controlan los medios de comunicación y que fomentan guerras para enriquecerse. Casi siempre, esto es una fantasía sin fundamento. El mundo contemporáneo es demasiado complicado no solo para nuestro sentido de la justicia, sino también para nuestras capacidades de gestión. Nadie (y eso incluye a los multimillonarios, a la CIA, a los francmasones y a los Sabios de Sion) comprende bien lo que ocurre en el planeta. De modo que nadie es capaz de mover efectivamente los hilos.

Yuval Noah Harari

Hay expresiones políticas que pueden tener significados distintos según los públicos que las reciben; y muchas veces surgen equívocos al interpretarlos cuando se usan. Por ejemplo, la frase “Nuevo Orden Mundial” (New World Order) comenzó a usarse a partir del final de la Primera Guerra Mundial con los Catorce Puntos de Woodrow Wilson, para redefinir los equilibrios de poder en 1919. También se usó en 1945, a propósito de la creación de la Organización de las Naciones Unidas y el acuerdo de Brenton Woods.

Hacia principios de los años noventa del siglo pasado, tanto George Bush como Mijail Gorbachov aludían a menudo a un “Nuevo Orden Mundial”, aludiendo a la naturaleza de la posguerra fría y el espíritu de cooperación que ambos líderes impulsaban. Sin embargo, pronto surgió una interpretación conspiratoria. En esos años un estadounidense llamado Pat Robertson publicó un libro llamado The New World bajo la pregunta: ¿sería posible que por “Nuevo Orden Mundial” se deba entender algo enteramente distinto para el círculo íntimo de una sociedad secreta que para al hombre común?

La respuesta de Robertson: de hecho, es posible que hombres de buena voluntad como Woodrow Wilson, Jimmy Carter y George Bush, quienes sinceramente desean una mayor comunidad de naciones viviendo en paz, en realidad están cumpliendo involuntariamente la misión de instaurar un nuevo orden para la raza humana bajo la dominación de Lucifer y sus seguidores. De esa forma, tras un largo viaje a lo largo de todas las teorías de la conspiración que tenía a su alcance, llega a sugerir que la Guerra Fría, el colapso del comunismo y la Guerra del Golfo pudieron haber sido planeadas para promover la globalización y hacer dinero para los “banqueros monopólicos” y sus amos: los Illuminati.

Lo anterior viene a cuento por uno de los “viva” que gritó el ejecutivo el pasado 15 de septiembre: a la Fraternidad Universal. No había acabado la ceremonia cuando surgieron reacciones virulentas, sobre la masonería e incluso algunos comentarios en torno a la posibilidad de que el presidente tenga simpatías con organizaciones secretas o cultos. Poco faltó para que hablaran hasta de los reptilianos, ignorantes de que al hacer esto lucen iguales a Robertson. Veamos las cosas con calma antes de darle más vuelo a la imaginación.

¿Tiene un origen masónico la frase “fraternidad universal”? Sí, pero también los liberales decimonónicos que tanto alaba el ejecutivo eran masones: bien pudo haber tomado esa expresión de ahí. ¿Implica que López Obrador es masón? Quién quita: en su generación al menos era habitual iniciarse como parte de un proceso de socialización.

¿Van los masones contra la Iglesia, México o la fe católica? Eso depende de los prejuicios que se tengan, pero los partidos en el siglo XIX salieron de las logias en todo el mundo occidental. ¿Es la masonería parte de un grupo oculto que mece la cuna? Absurdo, como lo explicó Harari en el epígrafe al inicio de este texto.

Fuera de todo prejuicio, el discurso en redes sigue los cánones habituales de toda teoría de la conspiración: un mundo idílico al que un grupo “ajeno” desea destrozar, y que debería ser denunciado y, de ser posible, eliminado. Tal y como hace el otro extremo político con expresiones como “fifí”, “conservador” y un largo hilo de insultos.

¿A dónde vamos con esto? A acabar con cualquier punto de diálogo entre personas con distintas opiniones, basado más en el prejuicio que en el debate, la comparación y la negociación. Si el mundo es más complejo de lo que dicen los lugares comunes, ¿por qué no trabajar a partir de lo que nos une?

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